A veces no quiero sanar, ni estar mejor, ni superar las adversidades, ni aprender del dolor, ni verle el lado bueno a las desgracias, ni volverme más fuerte. A veces simplemente quiero odiar al mundo porque lo que me pasó no fue justo y en gran medida me arruinó la vida.
Entendí que tener miedo, dudas y días malos no es algo que deba evitar, son cosas que las voy a sentir siempre pero que también debo entenderlo, aceptarlo y aprender de ello. No es algo malo, son lecciones que me pone la vida.
Todos hablan del amor propio y del empoderamiento, pero nadie habla de cuanto duele. Duele conocerse a uno mismo y ponerse límites, duele decirse no a uno mismo a pesar de que es lo que uno quiere. Nadie habla de eso, de que el amor propio, también duele.