@GatoDeMierdaaaa@pilludinho https://t.co/uiZGnCdFHt
Ahi esta el resumes del partido...yo lo vi en la tele...mereciamos darlo vuelta pero como era costumbre en esa epoca....perdimos...lo que putee...
@pilludinho Golazo de tiro libre de Ruben Paz a Boca por la fase de grupos de la libertadores de 1989. Con ese gol Racing empataba 2a2 y luego boca lo gana 3a2. Yo era pibe. Aca esta el compilado del partido. En el minuto 17:45 esta el gol.
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Cuando Vincent van Gogh murió en 1890, a los 37 años, no dejó fortuna ni gloria. Solo una habitación vacía, un alma atormentada y lienzos que nadie quería comprar. El mundo lo había rechazado, tachado de loco, ignorado como artista.
Seis meses después, su hermano Theo también murió. Con él se apagaba la única luz que siempre había creído en Vincent. Todo parecía perdido. Solo quedaban un niño pequeño, montañas de cartas y una colección de cuadros sin valor aparente.
Entonces, sin ser llamada, sin fama ni recursos, Jo van Gogh-Bonger, viuda de Theo, tomó el relevo.
Tenía 28 años, un duelo reciente y un hijo en brazos. Nadie esperaba que hiciera nada con esas pinturas. Nadie imaginaba que podía.
Pero Jo vio lo que otros no. En las cartas entre Vincent y Theo encontró más que palabras: encontró una visión. Las tradujo, las organizó y las publicó. En ellas estaba el alma de Van Gogh: su fragilidad, su hambre de belleza, su lucha por comprender la vida.
Después, vinieron los lienzos. Organizó exposiciones, convenció a críticos, escribió a museos, seleccionó con cuidado qué obras vender y a quién. Rechazó ofertas por necesidad, porque entendía que no se trataba solo de vender cuadros: se trataba de construir un legado.
Fue Jo quien encendió la chispa que el tiempo convirtió en incendio. Gracias a su constancia, Vincent cruzó fronteras. De Berlín a París, de Holanda al mundo, su obra comenzó a hablar… y el mundo, por fin, escuchó.
Cuando Jo murió en 1925, Van Gogh ya era reconocido como un genio. El Museo Van Gogh de Ámsterdam existe por la colección que ella protegió con feroz ternura.
Jo no pintó ningún cuadro. Pero creó al artista que hoy veneramos.
No con pinceles, sino con fe, trabajo y un amor que no retrocedió ante el olvido.
Sin ella, Van Gogh habría sido silencio.
Con ella, se convirtió en eternidad.