Últimamente, mi mecanismo de defensa es fingir demencia, mirar hacía otro lado y continuar con mi vida. No porque no me dé cuenta, sino porque ya entendí que no todo merece una reacción.
La lealtad no es estar siempre de acuerdo. Es permanecer cuando es fácil irse, decir la verdad cuando sería más cómodo callar y defender la dignidad del otro incluso cuando no está presente.
Porque la lealtad auténtica no nace de la conveniencia, sino de los principios. El que es leal por interés, se queda mientras le conviene; el que es leal por convicción, permanece incluso cuando ya no obtiene nada a cambio.