Unos científicos agarraron un hongo silvestre
Le pusieron brazos robotigos que responden a sus impulsos
Y el loco se puso a tocar temasos en el pianito
-Padre, acaba de confesar a mi mujer. ¿Puede decirme si me pone los cuernos?
-Eso es secreto de confesión, hijo mío. Tú deberías saberlo, como ciervo de Dios.
-Siervo.
-Eso.