La fe o es misionera, o no es fe. La fe siempre te lleva a salir de ti mismo. La fe debe ser transmitida; no para convencer, sino para ofrecer un tesoro. Pidamos al Señor que nos ayude a vivir nuestra fe de este modo: una fe de puertas abiertas, una fe transparente.
Sin la tristeza y el dolor no nacen cosas hermosas. A través de las pruebas crecen nuevos propósitos. Dios nos da pruebas y si en ellas alabamos y adoramos descubrimos la perla detrás del quebrantamiento.
A veces podemos pensar que estamos solos ante las dificultades. Pero el Señor camina a nuestro lado, incluso si no interviene enseguida, y si seguimos adelante nos abrirá un camino nuevo.