Lo que acaba de hacer Gabriel Boric no solo es una falta de respeto: es un despropósito institucional y una torpeza política evidente. Es un presidente saliente, a semanas de entregar el cargo, sin respaldo ciudadano y sin mandato vigente, que decide ahora empujar una candidatura internacional que no es prioridad nacional, que no representa al país y que además nace fallida desde el primer día.
Porque digámoslo sin vueltas: esta candidatura está bloqueada desde el origen. Estados Unidos tiene poder de veto en el sistema de Naciones Unidas, y con un gobierno encabezado por Donald Trump, no hay ninguna posibilidad real de que una figura asociada al progresismo socialista global avance. Eso no es ideología: es geopolítica básica. Se sabe. Se anticipa. Se da por descontado.
Entonces la pregunta es brutalmente simple: ¿para qué gastar un peso?
No es que costó.
Va a costar.
Y va a costar mucho más.
Porque esto no es un pasaje y un hotel. Es gira, lobby, llamadas, uso de embajadas, funcionarios moviéndose, tiempo institucional completo, capital político del Estado puesto al servicio de una candidatura simbólica, sin destino y sin retorno. Es gasto real para una postulación que ya nace vetada. Eso no es diplomacia. Es despilfarro ideológico.
Y aquí aparece lo más grave: Boric, ya de salida, intenta ordenar el jardín ajeno. Intenta dejarle al presidente entrante una encrucijada artificial, un problema heredado, una cuenta que no pidió y una decisión que no tomó. Eso no es transición republicana. Es mala fe. Es usar el poder hasta el último día para dejar amarras, no para gobernar.
La interesada es Michelle Bachelet, no Chile.
Esto no es una candidatura país.
No nos representa hoy.
No trae beneficios concretos.
No reduce compromisos financieros.
No mejora la salud, la seguridad ni la educación.
Y peor aún: no tiene viabilidad política internacional. No hay orgullo nacional en una candidatura que todos saben que va a chocar contra un veto seguro. Hay solo gesto simbólico, señal ideológica y costo fiscal.
Dos veces presidenta.
Alta comisionada de derechos humanos.
Resultados pobres, silencios graves, evaluaciones discretas.
¿Y ahora otra vuelta más? ¿Otra campaña? ¿Otro gasto? ¿Otra cuenta para la gente común?
Para la clase baja, esto es una humillación directa: hospitales colapsados, listas de espera eternas y recursos que se van en viajes sin destino. Para la clase media, es una provocación: impuestos que no bajan y servicios que no mejoran, mientras la élite política sigue financiando carreras personales con plata ajena.
Boric ya salió derrotado políticamente. Ya fue abucheado. Ya perdió respaldo. Ya no lidera. Y aun así insiste en imponer una agenda simbólica, ideológica y fallida, complicando al gobierno entrante de José Antonio Kast con un problema innecesario y un gasto evitable.
Si ella quiere ser candidata, que la pague ella. Tiene recursos, redes y trayectoria. Que financie sus viajes, su lobby y su promoción. No con el dinero de un país cansado, endeudado y hastiado de ver cómo quienes ya fueron se niegan a bajarse del escenario.
Esto no es rabia.
Es hartazgo lúcido.
Porque gastar plata pública en una candidatura simbólica, inviable y vetada desde el inicio, empujada por un presidente saliente sin legitimidad, no es solo desvergüenza.
Es una estupidez soberana.
Autor
Jorge Sepúlveda H.
Ojo con este Parásito Comunista principal defensor de delincuentes y terroristas,,todas las leyes anti delincuncia las votó en contra junto a su pandilla, ahora se postula al Senado!!!LA IZQUIERDA ES UNA MAFIA!!
Un ciudadano polaco en la TV británica:
"No hemos aceptado ni aceptaremos ningún inmigrante musulmán ilegal, por eso Polonia es tan segura. Polonia no ha tenido ni un solo ataque terrorista, es lo que quiere nuestra gente".
RETUITEA, si apoyas que en España hagamos lo mismo.