@roquemorfina Quién sufrió más? Jesucristo (lo crucificaron) o yo? (Tuve que escuchar en el gimnasio a un SEÑOR tincho decir que la música de Fernando Cabrera es lo más triste y aburrido que escuchó en la vida)
(…)
Llega el amor.
Y todas las células en los órganos viejos de Jack
se revuelven.
El corazón, que estaba listo para recular
y dar el día por terminado, se anota para otra vuelta.
Jack Gottlieb está enamorado - Ellen Bass
no deja de ignorar, a quien encastra y mata. (…) El odio al amor es como la conciencia del amor. Y la conciencia le sirve tanto como las plumas a los peces.
Quignard, Vida secreta
El amor es la relación sin piedad. Nada puede colmarlo. No tendrá paz. Y así no por culpa del amor ni por responsabilidad de ninguno de los dos integrantes de la pareja a la que ata y exilia a la vez, el amor domicilia sobre la pared del otro (detrás de la piel del otro) a quien
<En el verdadero abrazo, descubrimos que el cuerpo habla una lengua extraña extraordinariamente muda. Si hablamos no la comprendemos. Pero si la escuchamos, aprendemos al otro>
POR DIOS QUIGNARD CUIDAME UN POCO
<El lenguaje se transformó en mi adversario personal si es que acaso no lo fue desde que lo reconocí en el aire atmosférico en la forma de ondas detestables. Uno no hace de la música y después de la literatura las pasiones de su vida por capricho.
Nosotros, seres amables e inofensivos,
miramos los gatos enfermos, las mujeres con collares
que pasan por la calle
y sentimos un desamor agradable,
casi suficiente.
Juana Bignozzi
La vida plena
A algunos les han quitado las ganas de hablar,
pasan mudos por el amor, aman perros vagabundos
y tienen una piel tan sensible
que nuestros pequeños saludos cotidianos
pueden producirles heridas casi de muerte.
¿Qué valdría el encarnizamiento del saber si solo hubiera de asegurar la adquisición de conocimientos y no, en cierto modo y hasta donde se puede, el extravío del que conoce?”
Foucault en El uso de los placeres, sobre el acto del conocimiento
“En cuanto al motivo que me impulsó, fue bien simple. (…) Se trata de la curiosidad, esa única especie de curiosidad, por lo demás, que vale la pena practicar con cierta obstinación: no la que busca asimilar lo que conviene conocer, sino la que permite alejarse de uno mismo.