Madurar también es elegir una vida tranquila: dejar de correr detrás de amistades o relaciones y sentirte bien con las personas que sí están. Es elegir tu crecimiento por encima del drama, dejar de compararte con los demás y aprender a disfrutar de tu propia compañía. Madurar es elegir una mente en paz y entender que no necesitas a nadie más para ser feliz.