Podría cumplirle ese anhelo. Pero también deseaba tenerla a su lado: como si fuese una "sirvienta" en su castillo. Como una hija más para ella.
─── creo, que podría ser una buena oferta si lo haces. ───
Ha sonreído apenas escucho la respuesta adversa. Se ha inclinado un poco, esos tres metros que poseía de largo no era nada bueno ante presencias diminutas como la contraria. Siniestra le ha tomado del mentón, quería ver bien esos ojos que poseía. Dedicarle una mirada.
── Ugh. . . Eso explica esa personalidad tan desagradable, todos los dioses son igual de repugnantes y altaneros.──
Si bien pudo sentir la mano ajena entrar en sus carnes, no era capaz de sentir de dolor alguno.
(+)
Contesto. Posterior a ello, nuevamente esa sonrisa se vio.
─── yo no soy como ese Dios que te mato, y una diversión conmigo podrías tener. Además de poder sentirte "viva" o experimentar una sensación casi allegada a la vida. Sólo tienes que ser mi sierva. ───
Esa pija quedaba justo presionando las tetas de Aalis.
─── divierteme bien y luego seré tu diversión. Veamos quien le saca el aburrimiento más rápido a la otra, si es que tienes potencial para eso, claro está. Muerta. ───
─── ¿una vampiro...? Seas lo que seas creo que ni sabes distinguir razas al parecer. No soy una vampiro para tu información, muerta. Soy una divinidad suprema, una Diosa antigua. Así que. ───
No tardo la diosa en acercarse a la zombie. Fue ahí donde mano diestra.
── Joh ¿me llamas asquerosa? La que busca meterse con una Zombie es otra.
De cualquier forma, no estés tan segura, si de fuerza hablamos una vampiro no se puede comparar a mi. ──
Se posicionó en la cadera fina de la mujer. Enterró sus dedos en aquella carne muerta, notando no sólo esa sangre negra manchar sus dedos sino que también, presenciar esa helada carne. Acercó el diminuto cuerpo de su acompañante a la enorme anatomía de Athenea.
Mejor de ser así. No tardo en sentarse en uno de sus lujosos sofás, tomando a la mujer de su cadera para acercarla a donde se encontraba la divinidad. Con la única intención de dejarla sentada en sus enormes piernas.
─── ¿como te llamas? Pequeña. ───
─── ¿con lamer tus pies? No seas asquerosa maldita no muerta. La que terminará lamiendo mis pies serás tú, cuando te ponga las manos encima. Y claro, será mutuo el juego, aunque no espero mucho de un tacto frío y muerto como el tuyo pero te daré la oportunidad.