Techmeme reports that Apple says its new Siri AI will be delayed in the EU for iOS 27 because of the DMA. This is exactly how Europe loses technology without noticing it. The law is sold as consumer protection. The result is that European consumers get the product later. Regulators feel powerful, American and Chinese users move first, and European developers build on the previous platform. I understand the fear of Big Tech. Apple, Google, Meta and Microsoft have enormous power. But Europe keeps choosing the worst answer: make every new feature pass through legal uncertainty before anyone can use it. AI is not like adding a new button to a phone. It compounds. If millions of users in the US get the assistant first, app makers there learn first, companies redesign workflows first, schools and hospitals experiment first. Europe then imports the habits, products and standards created somewhere else. The DMA may win arguments in Brussels, but products do not care about speeches. They launch where builders are allowed to build. Europe needs competition policy that punishes real abuse, not rules that make companies postpone useful tools for half a billion people.
Esto es lo que hace DraftAI. ¿Qué ves? ¿Dónde queda el ser humano?👇
Una IA procesa símbolos. Letras, palabras, números. Lo hace con una precisión brutal, a una velocidad enorme, pero al final solo está moviendo fichas con resultados brutales... y el cerebro humano, en cambio, no procesa símbolos: es física. Habrá quien diga que es química también, pero al final son neuronas que se disparan, corrientes eléctricas, reacciones. Y aunque no entendemos bien como sucede, de ahí supongo que vemos lo que nos gusta y lo que no. ¿Es eso lo que llamamos experiencia subjetiva?
¿Qué piensas?
Nota: la herramienta es la leche...
💜💜🇦🇷 AL FIN!! HASTA QUE LO ENCONTRÉ!!
Este es video que cambió mi vida y mi carrera, dijo "impuesto" y quedé en la estratósfera reproduciendo videos de @JMilei. Esto fue hace 2 años y 3 meses cuando supe que me adoctrinaron en la universidad.
@JMilei me cambiaste la vida y por eso, no hay medida de tiempo contigo para AMARTE, empecemos con un "para siempre". 💜🇦🇷🫂
Manual del feminismo moderno:
Llamar "niña" a una periodista: intolerable, puro machismo.
El pico de Rubiales: crisis nacional y debate eterno.
Bad Bunny sexualizando a las mujeres: cultura y empoderamiento.
Mujeres golpeadas en Irán por enseñar el pelo: tema secundario.
Hombres trans compitiendo en deportes femeninos: inclusión y progreso.
Marchas contra la "islamofobia" pero silencio ante el burka: solidaridad.
Cuestionar la llegada masiva de hombres de culturas bastante más machistas: xenófobo, intolerante, fascista.
Perdón, pero cada vez entiendo menos este feminismo selectivo.
Lo más importante que Argentina puede recuperar no es una estadística aislada. Es credibilidad.
Durante décadas el país tuvo casi todo lo que hace falta para ser rico: campo, energía, minería, talento, software, empresarios, universidades y una diáspora que demuestra en el exterior lo que los argentinos pueden hacer cuando las reglas son normales. Lo que faltó fue confianza institucional.
La inversión no llega porque un gobierno la invite en una conferencia. Llega cuando alguien puede proyectar diez años sin temer un cepo, una expropiación, un impuesto retroactivo, una inflación que destruye contratos o un ministro que cambia las reglas un viernes por la noche.
El capital no es sentimental. Tiene memoria. Recuerda defaults, controles, arbitrariedad y castigos al éxito. Por eso ordenar la macro, bajar el gasto, abrir la economía y respetar la propiedad privada no son consignas ideológicas. Son la infraestructura invisible de la prosperidad.
Si Argentina logra que el mundo le crea otra vez, todo cambia. Lo que estaba dormido se mueve. Lo que se fue puede volver. Lo que parecía imposible empieza a ser una cuestión de ejecución.
@FT Regulation that regulators themselves can't enforce is just theater. Argentina is offering the opposite: clear rules and low taxes for AI builders. That's how you attract real innovation instead of driving it away.
Cada vez que Milei sube a un escenario nacional o internacional pasa algo curioso. No importa en qué parte del mundo sea, siempre, sin falta, me llegan mensajes preguntando lo mismo, dónde consigo los libros que mencionó? Está en digital? Por dónde empiezo?
Y eso no es casualidad. Milei no da discursos políticos en el sentido tradicional, da clases. Cada vez que expone en un escenario cita a Mises, a Hayek, a Rothbard, a Friedman, a Bastiat. Los menciona con naturalidad, como quien cita a un amigo, y hay gente del otro lado de la pantalla que anota esos nombres en el celular y sale a buscar de qué se trata. Eso es batalla cultural en el sentido más profundo de la palabra.
Lo que más llama la atención es la geografía de ese interés. No son solo argentinos los que preguntan. Me llegan mensajes de España, de Colombia, de México, de Brasil, de Italia, de Estados Unidos. Gente que encontró un discurso en YouTube con subtítulos, que lo vio completo, que quedó pensando, y que al día siguiente estaba buscando los libros. Personas que quizás nunca en su vida habían escuchado hablar de economía austriaca, de orden espontáneo, de anarcocapitalismo, y de repente quieren entender todo desde el principio.
Eso no sucede con cualquier político. La mayoría de los líderes mundiales dan discursos que se olvidan a las 48 horas. Milei da discursos que generan listas de lectura. Hay una diferencia enorme entre hablar para las cámaras y hablar para cambiar la manera en que la gente entiende el mundo. Lo primero lo hace cualquiera. Lo segundo lo hacen muy pocos.
La batalla cultural no se gana con decretos ni con cadenas nacionales. Se gana cuando una persona que nunca había cuestionado el rol del Estado termina leyendo a Rothbard un martes a la noche porque lo escuchó mencionarlo en algún discurso. Se gana de a uno, en silencio, sin que nadie lo vea venir. Y los mensajes que llegan preguntando por los libros son exactamente eso, la evidencia silenciosa de que algo está cambiando en la manera en que mucha gente piensa.
El interés en las ideas de la libertad no nació con Milei, pero él le dio una visibilidad global que antes no tenía. Tomó conceptos que durante décadas circularon solo en círculos académicos o entre minorías libertarias y los llevó a los principales escenarios del mundo, los explicó en términos simples, los defendió sin pedir disculpas. Y la gente respondió. No con aplausos solamente, sino con preguntas. Con ganas de entender. Con libros subrayados y conversaciones que se extienden mucho más allá del discurso original.
Eso es lo que distingue a un político de un constructor de ideas. Y cada mensaje que llega preguntando dónde conseguir un libro es una prueba más de que la batalla cultural, silenciosa y constante, se está dando en serio.
El keynesianismo parte de una ilusión peligrosa: creer que el Estado puede fabricar prosperidad empujando el gasto público, como si la riqueza surgiera de mover papeles, emitir dinero o endeudarse contra el futuro. Pero la economía real no funciona así. La riqueza no nace del decreto, ni del presupuesto, ni de la impresora monetaria; nace del ahorro, la inversión productiva, la acumulación de capital, la innovación, el trabajo y la coordinación libre entre millones de personas.
Cuando el Estado aumenta artificialmente el gasto para “estimular” la economía, no está creando recursos nuevos: está redirigiendo recursos que ya existían. Lo hace mediante impuestos, deuda o emisión. Si cobra impuestos, le quita poder de decisión al sector privado. Si se endeuda, traslada el costo al futuro. Si emite, destruye el poder adquisitivo de la moneda. En los tres casos, el supuesto estímulo termina siendo una forma sofisticada de financiar la ilusión.
El problema central es que el keynesianismo confunde movimiento con crecimiento. Puede generar consumo artificial, obra pública innecesaria, empleo financiado políticamente o una sensación momentánea de actividad, pero eso no significa que haya más riqueza genuina. Es como enchufar una zapatilla eléctrica a sí misma y esperar que produzca energía: puede parecer un circuito en funcionamiento, pero no hay fuente real de creación de valor.
Por eso el ciclo se repite siempre: más gasto genera déficit; el déficit exige deuda o emisión; la deuda compromete el futuro; la emisión empuja inflación; la inflación destruye salario real; y entonces el Estado usa ese deterioro como excusa para intervenir todavía más. La enfermedad se presenta como remedio. El incendio se combate con más combustible.
La verdadera prosperidad no necesita una impresora de billetes ni una burocracia administrando la ilusión. Necesita reglas claras, moneda sana, respeto por la propiedad, libertad de empresa, disciplina fiscal y precios que transmitan información real. Todo lo demás es teatro económico: más estímulo, menos realidad.
Toda esta gente que vota a ladrones y los vuelve a votar, son los que montan las dictaduras y la corrupción.
Ciudadanos que vuelven a votar a ladrones son responsables del robo.
Lo que hay que tener ante todo es dignidad.
Sé que lo que digo no gusta pero es para que la gente piense.
Julio Anguita
Argentina acaba de registrar la cosecha más grande de su historia. Ciento sesenta y tres millones de toneladas de granos en la campaña 2025/2026, veinte millones más que el ciclo anterior y veintiún por ciento por encima del récord previo de 2018/2019. Maíz récord absoluto con setenta millones de toneladas. Trigo récord con casi veintiocho millones. Girasol récord con 7,4 millones. Soja muy cerca de máximos históricos.
Hace pocos años el kirchnerismo discutía si Argentina podía alcanzar los cien millones de toneladas. Los lock outs, las retenciones móviles, las restricciones a la exportación, la Resolución 125, todo construido sobre la idea de que el campo era un enemigo al que había que castigar. El resultado fue previsible. Producción estancada, inversión paralizada, salida masiva de capital y una sequía en 2022/2023 que encontró al sector sin reservas para resistir.
Después llegó Milei. Bajaron las retenciones a la soja del 33 al 24 por ciento, al maíz al 8,5, al trigo y la cebada al 5,5. Las economías regionales, los lácteos, los porcinos y la carne vacuna quedaron en cero. Se levantó el cepo para personas físicas y jurídicas, se ordenó el tipo de cambio dentro de un esquema de bandas, se devolvió previsibilidad. Por el Decreto 273/2025 se liberó la importación de maquinaria agrícola usada eliminando el certificado CIBU que durante treinta años funcionó como una prohibición de facto, y el productor pudo finalmente acceder a tractores, cosechadoras y sembradoras a precios competitivos. El productor respondió como responde siempre cuando lo dejan trabajar: sembrando más, invirtiendo más, produciendo más.
Esto es lo que pasa cuando liberás al campo del socialismo. El agro argentino aportará más de 36 mil millones de dólares en exportaciones este año, seis de cada diez dólares que ingresan al país vienen del sector agroexportador. No hay plan social que genere esa cantidad de divisas. No hay subsidio que reemplace esa productividad. Solo hace falta sacarle al Estado las manos de encima al que produce.
La lección es vieja y se repite en cada país que la aplica. Cuando el Estado deja de robarle al campo, el campo alimenta al país. Cuando deja de castigar al productor, el productor genera la riqueza que paga los hospitales, las escuelas y las rutas. Ciento sesenta y tres millones de toneladas no son una casualidad climática. Son la consecuencia directa de un cambio de modelo.
Argentina vuelve a ser el granero del mundo porque finalmente entendió que la prosperidad no se decreta, se libera.
La fábula de la ventana rota, formulada por Frédéric Bastiat, es una de las lecciones más simples y contundentes de la economía. La historia parte de una escena aparentemente menor: un niño rompe el vidrio de una tienda. De inmediato, algunos observadores dicen que no todo está perdido, porque ahora el vidriero tendrá trabajo, cobrará por reparar la ventana y ese dinero circulará en la economía. A primera vista, parece que el daño generó actividad. Parece que la destrucción produjo empleo. Parece incluso que el accidente trajo un beneficio.
Pero ahí aparece la verdadera enseñanza de Bastiat: no basta con mirar lo que se ve. Lo visible es el vidriero trabajando, el dinero cambiando de manos y la ventana reparada. Lo invisible es todo aquello que el comerciante ya no podrá hacer con ese dinero. Tal vez iba a comprar zapatos para su hijo, invertir en más mercadería, mejorar su local, pagar una deuda o ahorrar para crecer. Ese uso alternativo desaparece porque ahora el dinero debe destinarse a reparar algo que antes estaba sano. Por eso la sociedad no se enriqueció; simplemente volvió al punto de partida, pero con una oportunidad perdida.
La gran trampa está en confundir movimiento con riqueza. Que haya gasto no significa que haya progreso. Que alguien cobre no significa que la sociedad gane. Si romper ventanas fuera una fuente de prosperidad, entonces los países más ricos serían los más destruidos. Pero la realidad es exactamente la contraria: la riqueza nace de crear, producir, ahorrar, invertir y coordinar esfuerzos hacia fines más valiosos. La destrucción puede generar actividad, pero no genera riqueza neta; obliga a desviar recursos hacia la reparación de un daño.
Por eso esta fábula sigue siendo tan poderosa para entender la política económica. Muchos gobiernos justifican el gasto público, la obra innecesaria, la burocracia o la intervención estatal diciendo que “generan empleo” o “mueven la economía”. Pero Bastiat nos obliga a hacer la pregunta incómoda: ¿qué habría hecho la sociedad con esos recursos si no se los hubieran quitado? ¿Qué inversiones, consumos, emprendimientos, ahorros o mejoras quedaron invisibles porque el dinero fue absorbido por una decisión política?
La fábula de la ventana rota enseña que la economía no debe analizarse desde la emoción inmediata, sino desde las consecuencias completas. El buen economista no se queda con la primera imagen, con el aplauso fácil ni con el beneficio visible para un grupo particular. Mira también el costo oculto, la alternativa sacrificada y el daño que no aparece en la foto. Esa es la diferencia entre pensar en serio y caer en propaganda: ver no solo al vidriero cobrando, sino también al comerciante perdiendo aquello que ya no podrá construir.
People completely miss the most important thing about Tesla FSD
It’s not just about convenience. It’s not a "cool self-parking trick."
It’s about the fact that car crashes are the #1 killer of healthy people aged 5-29 globally and one company has gathered over 10 billion miles of real-world data to actually solve it
Look at the recent data: Tesla just became the FIRST vehicle to pass NHTSA's new ADAS safety tests. Not the first EV. The first vehicle. Period.
The reality is harsh but simple. Countries that approve FSD get safer roads overnight. Countries that delay will literally watch their citizens die in preventable crashes while bureaucrats sit in meeting rooms debating "safety."
The "safety" argument against FSD is officially dead
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.
@ZoeGutier Bueno, pero esto ocurre desde hace 20 años. Yo me radique en España y me traje un capital grande y aquí llevo muchos años. Y pienso si habré acertado, porque conozco muchas gente que se lleva todo. O cambian la mentalidad o se van al abismo, españoles ….
Most Americans still think geopolitics is politicians giving speeches at podiums.
That’s the old world.
What President Trump is doing in Beijing right now is something entirely different:
Using CORPORATE POWER as a geopolitical weapon.
Look at the delegation he assembled for China:
• Elon Musk - Tesla / SpaceX
• Tim Cook - Apple
• Jensen Huang - Nvidia
• Larry Fink - BlackRock
• Stephen Schwarzman - Blackstone
• David Solomon - Goldman Sachs
• Jane Fraser - Citigroup
• Kelly Ortberg - Boeing
• H. Lawrence Culp Jr. - GE Aerospace
• Brian Sikes - Cargill
• Cristiano Amon - Qualcomm
• Sanjay Mehrotra - Micron Technology
• Ryan McInerney - Visa
• Michael Miebach - Mastercard
• Dina Powell McCormick - Meta
This is not diplomacy.
This is strategic market penetration.
Now look at HOW carefully this lineup was built:
🚨 AI & CHIP DOMINANCE
• Jensen Huang (Nvidia)
→ AI chips powering the global AI revolution
• Cristiano Amon (Qualcomm)
→ Mobile chips, telecommunications, next-gen connectivity
• Sanjay Mehrotra (Micron)
→ Memory chips critical for AI systems and data centers
• Jim Anderson (Coherent)
→ Semiconductor materials and industrial laser tech
• Jacob Thaysen (Illumina)
→ Biotechnology and genomic technology leadership
This category alone represents the future of AI, computing, biotech, and technological supremacy.
🚨 FINANCIAL POWER
• Larry Fink (BlackRock)
→ Controls over $10 TRILLION in assets
• Stephen Schwarzman (Blackstone)
→ One of the world’s largest private equity giants
• David Solomon (Goldman Sachs)
→ Elite Wall Street investment banking influence
• Jane Fraser (Citigroup)
→ Global banking and cross-border finance
• Ryan McInerney (Visa)
→ Global payment rails
• Michael Miebach (Mastercard)
→ International transaction infrastructure
These people don’t just move money.
They influence where capital flows across the planet.
🚨 CONSUMER TECH & SUPPLY CHAINS
• Tim Cook (Apple)
→ One of the largest and most sophisticated supply chains on Earth
• Elon Musk (Tesla / SpaceX)
→ EV manufacturing, batteries, AI robotics, satellites, launch systems
China knows these companies are deeply tied into global manufacturing ecosystems.
🚨 AEROSPACE & INDUSTRIAL POWER
• Kelly Ortberg (Boeing)
→ Potential aircraft deals worth tens of billions
• H. Lawrence Culp Jr. (GE Aerospace)
→ Aircraft engines and aerospace systems
This is industrial leverage at the highest level.
🚨 AGRICULTURE & REAL ECONOMY
• Brian Sikes (Cargill)
→ Agriculture, food supply chains, commodity trade
Food security and agricultural imports are massive leverage points in U.S.-China relations.
Now step back and look at the entire picture.
This delegation covers:
- AI
- Semiconductors
- Aerospace
- Finance
- Payments
- Agriculture
- Consumer technology
- Manufacturing
- Supply chains
- Investment capital
Every major economic battlefield between the United States and China is represented in one room.
That is not random.
That is coordinated strategic planning.
The media will frame this as “just another summit.”
It’s not.
This is a private-sector strike force built to secure:
- Market access
- Investment deals
- Supply-chain positioning
- Regulatory concessions
- Tech leverage
- Aircraft purchases
- Agricultural agreements
- Financial expansion
The politicians are mostly in the background because politicians talk.
These people actually control:
- factories
- chips
- satellites
- patents
- software
- logistics
- payment systems
- manufacturing
- capital flows
That is where real power lives in 2026.
Whether people love Trump or hate him, Americans need to understand the scale of what they’re looking at.
This is statecraft merged with corporate power.
And it’s being deployed with military-level coordination.
MAKE AMERICA GREAT AGAIN!!!
God bless President Trump!
God bless America!