Siente la mano del varón, no tuvo que voltear para saber de quien se trataba. Conocía bien esas manos. — Tartaglia, siempre tan respetuoso.— Obviamente sarcasmo.
—— Siente de pronto esos dedos traviesos que se empiezan a hundir en aquel hoyito caliente. Faruzan suelta un par de gemidos a pesar de que su cara parecía más de enojo.—— ¿Nunca pides permiso niño malcriado?
— Ardiente..
Manos la tomaron del culazo que tiene, apretándola contra él.
— Bien, pero no dijiste nada de tocar~
Y ya le está dedeando el culo, el Fatui no pierde el tiempo.
—— Poco se quejaría de las miradas del Escriba, si básicamente se colocó dichas prendas para tentarlo y no le dió nada de vergüenza... Después de todo estaban a solas en el bosque.——
—— Una risita escapó de sus labios, no protestaría al estar acostumbrada a esos saludos del mayor. Sobre todo como le estrujaba el culo y sus dedos chocaban con su entrepierna——.
Me parece que estabas ansioso por verme...
— También me encuentro feliz por volver a verte, seguro extrañabas este saludo especial que tenemos. —
Continuaba masajeando los glúteos de la mujer, de todas manera no había nadie que pudiera ver lo que hacían.
... Y bueno nos hemos encontrado. ¿Cosa del destino? Sinceramente también me alegra verte.
—— Sonrisa se posa en los labios de la profesora que miraba al adverso sonriente. ——
— Ambas. El trabajo tiene un poco que ver.
¿Para que negarlo? Se alegraba verla, aunque no quisiera extrapolarlo, le gustaba eso de guardar las apariencias.
— Y al saber que usted es oriunda de aquí, pensé que nos podríamos encontrar.