The increasing in the greening of Earth, increase in crop yields (more food, less land), cleaner air/water, etc., has been known for years and yet environmentalists like Greta Thunberg not only don't take credit for this good news, they treat it like it's a threat to their cause.
Comparto esta extensa entrevista que me hizo Alfredo Dillon sobre el sentido de la educación, la escritura y lo humano en tiempos de IA generativa con motivo de la publicación del libro rojo 👇🏼📚
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EL DON
Aguda columna de Iván Petrella sobre la caída de la natalidad. Desarma un mecanismo economicista que reduce a los hijos a un cálculo “qué gano, qué pierdo, cuánto cuesta, qué parte de mi libertad resigno”. La repetición de estos argumentos, dice Petrella, “produce una conversación extraña donde se habla de los hijos como activos financieros con alto costo de mantenimiento, como interrupciones de un proyecto de vida diseñado para ser libre o como víctimas anticipadas de catástrofes por venir”.
A su vez, el autor propone una idea más amplia, ver a los hijos como un don. "El don nombra otra dimensión de la vida, lo que nos obliga a salir de nosotros mismos y vincularnos con algo que nos excede. Tener un hijo pertenece, en gran parte, a ese segundo registro. Ninguna planilla puede capturar del todo lo que está en juego. Sería absurdo negar el cansancio o los costos de criar hijos. Pero sería igual de absurdo describir una amistad solo por el tiempo que consume, o el amor solo por los riesgos de rechazo que implica".
LA NACION https://t.co/E33JZ2SjxM
Mañana un alter eco esp@ctacular de @fzerboni , sobre lo que nos enseñaron los records de la maraton de Londres para el management y los negocios. No se lo pierdan!!!
Hace unos días comenté un hilo de @pitiklinov sobre el libro Moral Tribes de Joshua Greene. Decía que estaba de acuerdo con el diagnóstico pero no con la receta.
Greene explica que la moral automática (empatía, culpa, vergüenza) evolucionó para que cooperemos dentro del grupo. Funciona. Pero cuando dos grupos con morales distintas se encuentran, esas mismas emociones se convierten en fuente de conflicto.
Su solución: pasar al "modo manual". Razonamiento deliberado. Utilitarismo como moneda común.
El problema es que hay un experimento que dice otra cosa.
En 1954, Muzafer Sherif —un hombre que para los 17 años ya había vivido cuatro guerras, incluido el genocidio armenio— diseñó un experimento en Oklahoma con 22 niños de 11 años. Todos blancos, todos protestantes, todos de clase media. Ninguno se conocía.
Los separó en dos grupos. En cinco días, con nada más que un nombre ("Águilas" y "Cascabeles") y unas competiciones, fabricó una enemistad tan intensa que los investigadores tuvieron que intervenir físicamente. Calcetines rellenos de piedras. Banderas quemadas. Negativa a compartir comedor.
Cinco días y un nombre. Eso fue todo.
Luego intentó el contacto neutro. Actividades juntos sin competición. Empeoró. La proximidad sin objetivo compartido era solo más oportunidades para el insulto.
Lo que funcionó fue una tubería rota.
Los investigadores cortaron el agua y anunciaron una avería. Los dos grupos necesitaban agua. Encontrar el fallo requería buscar juntos. Cuatro horas después, niños que se negaban a mirarse caminaban por el mismo bosque resolviendo el mismo problema.
Al final del campamento, los Cascabeles ganaron cinco dólares. Cuando les preguntaron en qué gastarlos, la respuesta fue unánime: batidos para todos. Águilas incluidas.
Greene tiene razón en el diagnóstico. Pero su receta —razonamiento deliberado como moneda común— asume que el problema es cognitivo. Sherif mostró que es estructural. No se trata de pensar mejor sobre el otro. Se trata de construir condiciones donde necesites al otro para algo que no puedes resolver solo.
Escribo un libro sobre este tipo de mecanismos. Se llama La trampa de la eficiencia. Trata sobre por qué los sistemas que funcionan demasiado bien fabrican su propio colapso. La moral tribal que describe Greene es uno de esos sistemas: funciona tan bien dentro del grupo que inevitablemente genera exclusión fuera de él.
Lo que Sherif encontró -y lo que Greene no termina de resolver- es que la salida no es filosófica. Es arquitectura. Construir antes de que haga falta las condiciones que obligan a la cooperación aunque nadie se sienta particularmente cooperativo ese día.
Eso es lo que llamo en el libro "arquitectura de la disidencia". Pero eso da para otro hilo.
HOY SUMAMOS 5 EMPRESAS DE CÓRDOBA AL MAPA. FALTAN 9 PARA LAS 600
1) Capemi — Córdoba. Antonio Giacomelli llegó de Italia y en 1957 fundó la primera empresa argentina de autopartes de goma y goma-metal. En 1972 empezó a exportar. Hoy su nieta conduce la empresa. Más de 4.500 productos distintos. 5,5 millones de piezas por año. Clientes en Australia, EE.UU., Canadá y Brasil. Tres generaciones, 22 países, 67 años ininterrumpidos.
2) Rubol — Córdoba. Más de 50 años forjando piezas metálicas en caliente, semi caliente y frío. Empezaron para la industria ferroviaria y naviera cuando eso era lo que Argentina necesitaba. Después pivotaron al agro y la automotriz. Hoy exportan a Brasil, Sudáfrica, España, República Checa y Alemania.
3) Marvell Argentina — Córdoba Capital. En 2004, tres ingenieros de la UNC montaron una empresa en el laboratorio de Comunicaciones Digitales de la facultad. Diseñaban chips para fibras ópticas cuando casi nadie en Argentina sabía lo que era un semiconductor. Hoy son más de 140 personas. Su último nanochip transmite 400 gigabytes por segundo. En 2021 Marvell Technology — cotiza en el NASDAQ — los adquirió.
4) Terra Camiare — Colonia Caroya. La familia Mizzau tenía campos ganaderos. El padre era fanático del vino. En 2015 compraron una bodega de casi 90 años en Colonia Caroya — el mismo lugar donde los jesuitas produjeron el primer vino americano que llegó a la copa del rey Felipe V de España. Hoy elaboran vinos de las distintas zonas de Córdoba con tecnología de punta y exportan al mundo.
5) Econovo — Oncativo. Oscar Scorza creció en Oncativo viendo a su padre trabajar en equipamiento urbano. En 2003 fundó Econovo. Veinte años después desarrollaron el primer camión compactador eléctrico de América Latina — 340 baterías, seis horas de autonomía, 3 toneladas de capacidad. Exportan a toda Sudamérica, a Estados Unidos y Asia. Y por si fuera poco, también fabrican compactadoras de alfalfa de 35 toneladas por hora.
👉 https://t.co/2tXJWmV6aT
Gracias @DianaMondino por la mención ayer en #EconomiadeQuincho
🇦🇷🇪🇸🐖🌰
¿Sabías que podés probar jamón de bellota, como los mejores de España… pero hecho en Salta?
✔️ Este finde largo te esperamos para vivir una experiencia distinta, con jamón tipo ibérico, hecho en Salta pero con raíces que llegan a España.
📍A solo minutos de la ciudad.
es muy simple: nuestros datos digitales hace mucho tiempo ya los tiene Google y Meta (y Apple y Amazon). Te puede parecer mal, bien o que te importe tres pitos (como al 99% de la gente). Pero lo que no se puede hacer es volver atrás. Lo que sí podés hacer es exigir más transparencia (suerte con eso!)
No hay opción.
La pregunta es: Quién preferís que tenga tus datos? empresas y gobiernos de accidente (EEUU) o China/Rusia?
No se indignen. El mundo y la realidad es lo que es.
Querés evitar algo de esto? dejá de usar tu celular con Android o iPhone, Google, YouTube, Netflix, Twitter, Waze, WhatsApp e Instagram. Y ahora toda la IA + autos, relojes y electrodomésticos.
Pero si usás todo eso, van a tener tus datos. Es así. Esto NO funciona sin datos.
Dejen de patalear como nenes de primaria.
Interesantísimo: Descubren un mecanismo por el que la superpoblación reduce la fertilidad:
Un estudio reciente ha encontrado una explicación biológica clara sobre por qué la superpoblación reduce la fertilidad en los animales. Cuando los animales viven muy hacinados, sus cuerpos liberan una enzima (llamada CPR-4 en gusanos y Cathepsin B en mamíferos) que actúa como un mensajero químico. Esta sustancia daña el ADN de las células reproductivas, lo que provoca menos crías, más defectos en los descendientes y mutaciones genéticas que incluso se pueden transmitir a las siguientes generaciones.
Los investigadores descubrieron este mecanismo mientras estudiaban el “efecto bystander” de la radiación. Este efecto ocurre cuando células dañadas por radioterapia liberan la misma enzima, que viaja y afecta a células sanas lejanas, como si les enviara una señal de alerta que también las perjudica. Sorprendentemente, observaron que el hacinamiento activa exactamente el mismo proceso, aunque no haya radiación. El cuerpo reacciona al estrés de la multitud como si hubiera recibido una dosis de radiación.
En resumen, este mecanismo funciona como un freno natural de la evolución: cuando la población se vuelve demasiado numerosa, se activa un proceso interno que reduce la capacidad de reproducirse y ayuda a controlar el crecimiento excesivo.
Este es el discurso de graduación de Jonathan Haidt en NYU que algunos estudiantes quisieron cancelar.
Haidt ofrece unos consejos claros y prácticos para la Generación Z, centrados sobre todo en cómo sobrevivir y prosperar en un mundo diseñado para robarte la atención.
Su mensaje principal a los estudiantes es: valora tu atención ya que es lo más valioso que tienes. Las grandes empresas tecnológicas (especialmente Meta, TikTok y similares) compiten ferozmente por capturarla y vendérsela a anunciantes. No intentan merecerla, sino quitártela. Haidt recomienda protegerla con fuerza: apaga las notificaciones, reduce drásticamente el uso de redes sociales y sé muy consciente de dónde pones tu foco, porque aquello a lo que prestas atención moldea quién te conviertes.
Además, les aconseja hacer cosas difíciles. Los humanos somos antifrágiles: crecemos con el esfuerzo y el estrés moderado. Evitar todo lo incómodo o desafiante solo te debilita. Busca deliberadamente retos en el trabajo, los estudios y las relaciones.
También les anima a invertir su atención en el mundo real y en las personas reales. La soledad es uno de los mayores problemas de su generación, aunque estén “conectados” todo el día. Les dice que prioricen las relaciones cara a cara, las conversaciones profundas y los planes en persona.
Finalmente, recuerda la fórmula clásica para florecer: Amor + Trabajo. Tener relaciones significativas y dedicarse a algo que valga la pena sigue siendo la mejor receta para una vida buena.
En resumen, Haidt les dice a los graduados que el mundo actual es hostil para la mente joven, pero que si protegen su atención, buscan el esfuerzo y se conectan de verdad con los demás, podrán tener una vida extraordinaria.
No, la CRISIS DEMOGRÁFICA no es consecuencia de internet, las redes sociales y los smartphones. Estoy leyendo cada vez más a menudo esa absurda “explicación” (el atractivo de las simplezas).
La natalidad y fecundidad femenina comenzaron a caer un siglo antes. La caída es más o menos paralela al desarrollo económico, la industrialización y urbanización, y el desarrollo de la sociedad moderna.
He puesto algunos gráficos abajo: Italia, Latinoamérica, China, Mundo.
La entrada de mujeres en el mercado laboral, la universidad y la autonomía personal, tuvieron un impacto importante. Hace un siglo, fascistas, nazis e imitaciones ya estaban alarmados por la caída demográfica; intentaron recluir a las mujeres en el hogar y apoyar a la familia numerosa.
La revolución sexual de la posguerra -matrimonio tardío, sexualidad abierta con numerosas parejas, anticoncepción- incrementó la tendencia a pocos hijos o ninguno.
La tecnología y cultura digital no crearon el fenómeno de la crisis demográfica, solo la han puesto más en evidencia.
Es un cambio muy anterior, y de fondo moral: nuevas costumbres, nuevos ideales de vida basados en el tiempo para uno mismo y las decisiones a corto plazo (PRESENTISMO). Y las dificultades económicas de los jóvenes (empleo, ingresos, vivienda) refuerzan la tendencia, pero no la crean.
La prueba es que se ha hecho mundial. Países pobres que han mejorado materialmente también han visto caer drásticamente la fecundidad y natalidad. El caso más drástico, China y el Sudeste Asiático.
La crisis no es solo de los MBA.
Es de un sistema educativo entero diseñado para un mundo donde el valor estaba en acceder a la información, memorizarla y reproducirla de forma ordenada.
Ese mundo ya no existe.
Hoy cualquiera puede acceder a conocimiento técnico de altísimo nivel desde su casa y apoyarse en IA para aprender muchísimo más rápido que antes.
Pero ahí aparece una confusión importante:
informarse no es lo mismo que formarse.
Porque formar a alguien no es solo transmitir contenido.
También es desarrollar:
criterio,
tolerancia a la incertidumbre,
capacidad de integrar contradicciones,
trabajo con otros,
agencia,
profundidad,
y una identidad profesional propia.
Y eso no se resuelve simplemente viendo vídeos, leyendo hilos o preguntándole cosas a Claude.
La paradoja es que cuanto más barata y accesible se vuelve la información, más valiosas serán precisamente las capacidades que menos se pueden automatizar.
La gran paradoja de la política moderna es que solemos hablar de inteligencia colectiva mientras concentramos cada vez más decisiones en estructuras cognitivamente pobres. Un ministerio, un parlamento o un comité central poseen menos información real sobre la vida cotidiana que millones de individuos actuando simultáneamente sobre el terreno. La inteligencia social no surge de reunir personas en una sala para votar, sino de permitir que innumerables cerebros exploren soluciones distintas al mismo tiempo, aprendan de sus errores y copien espontáneamente aquello que funciona.
El problema subyacente, por tanto, no es únicamente cómo tomamos decisiones colectivas, sino cuántas decisiones hemos decidido transformar, casi por automatismo cultural, en asuntos políticos centralizados. Hemos ido desplazando hacia la esfera del mando cuestiones que antes se resolvían mediante costumbre, cooperación espontánea, reputación, mercado, familia, asociaciones voluntarias o simples acuerdos informales entre personas concretas. Como si toda imperfección social exigiera inmediatamente una arquitectura administrativa encima.
Hoy, en Sapienciología: https://t.co/c2l9j9U1UV
Le déclin de la consommation d’alcool chez les ados.
En tant que médecin, je devrais m’en réjouir.
Et pourtant, je suis plutôt inquiet.
Parce qu’on confond peut-être disparition d’un symptôme et bonne santé d’une génération.
Oui, les adolescents boivent moins.
Mais ils sortent moins.
Ils couchent moins.
Ils prennent moins de risques.
Ils conduisent moins.
Ils vivent moins de rites de passage.
On a l’impression d’avoir « résolu un problème », alors qu’on a aussi progressivement détruit ce qui transformait des adolescents en adultes.
Téléphones.
Vie sociale numérisée.
Anxiété permanente.
Discours catastrophistes sur l’avenir.
Culture de l’évitement du risque.
Parents hyperprotecteurs.
L’adolescence d’avant était parfois brutale, parfois excessive, parfois dangereuse.
Mais elle était aussi profondément formatrice.
On apprenait la honte, le courage, le rejet, la séduction, la hiérarchie sociale, la transgression, la responsabilité.
On apprenait à devenir adulte au contact des autres pas derrière un écran.
Je ne fais pas l’apologie de l’alcool.
Je dis simplement qu’une société qui produit des adolescents parfaitement « safe » mais socialement inhibés, anxieux et isolés devrait peut-être s’interroger.
La teoría del nudge (empujoncito conductual) consiste en modificar sutilmente el contexto en el que las personas toman decisiones para guiarlas hacia opciones más beneficiosas, sin prohibir nada ni limitar su libertad de elección. Ejemplos clásicos son poner las comidas saludables en primer lugar del menú, inscribir automáticamente a las personas en planes de pensiones o hacer que la opción ecológica sea la predeterminada.
En este artículo, dos autores que fueron anteriormente partidarios entusiastas de esta aproximación -Nick Chater(Universidad de Warwick) y George Loewenstein (Carnegie Mellon)- realizan una crítica bastante dura de la teoría del nudge. Según ellos, los grandes meta-análisis recientes muestran que los efectos de los nudges son muy pequeños, efímeros y difíciles de escalar a gran nivel.
Pero es peor aún, ya que al centrar tanto la atención en la responsabilidad individual, esta aproximación ha contribuido involuntariamente a un proceso llamado “responsabilización”. Esto consiste en desplazar la culpa de los problemas sociales y ambientales hacia cada persona, en lugar de exigir cambios a las grandes empresas y sistemas que los generan.
De esta forma, las petroleras destacan la responsabilidad de los conductores y de quienes viajan en avión, las empresas de plásticos insisten en la “basura individual” que tiramos, y la industria de alimentos ultraprocesados culpa a las “malas elecciones” de los consumidores. Así se evita el debate incómodo sobre regulaciones fuertes, impuestos o límites a las prácticas corporativas que realmente impulsan el cambio climático, la contaminación por plásticos o la epidemia de obesidad.
Los autores reconocen que cada persona debe seguir haciendo su parte con mejores elecciones de consumo, pero advierten que los nudges suaves nunca serán suficientes para resolver crisis profundas como el cambio climático, la obesidad o la contaminación. Concluyen que se necesita voluntad política colectiva para cambiar las reglas del sistema (regulaciones, incentivos y estructuras de mercado), en lugar de confiar solo en pequeños empujoncitos a los individuos.