Hoy termino los IN MEMORIAM de Urda.
Llevo tres días escribiendo sobre los fallecidos. Uno por uno. Cincuenta en total.
¿Y sabes por qué? Cuando pasa algo así, lo primero que llega son números.
69 esta vez. Pero el número no dice nada, porque un número no se parece a nadie.
Estamos acostumbrados a eso. Vemos cifras de muertos cada semana, en guerras, en accidentes, en catástrofes, y seguimos con el día.
Porque una cifra no se puede querer. Solo se puede querer a alguien con cara, con nombre, con manías, con ilusiones, con defectos.
Por eso me puse a escribir. Buscando lo que hacían, lo que les ilusionaba, a quién querían, lo que habían logrado... Qué hacían en esto tan extraño que es la vida.
Para que al leerlo pensaras: este podría ser mi hermano. Esta podría ser mi mujer. Este soy yo.
Porque esa es la única manera de entender lo que se ha perdido ahí.
Y hay una cosa curiosa cuando los pones a todos juntos. Fíjate en el detalle.
En ese tren iban un señor de 74 años y un chaval de 22. Un padre que acababa de tener un hijo y una madre que iba a la boda de la suya. Una exministra del gobierno y un hombre al que lloran los vecinos de su barrio. Una compositora premiada por el Estado y un estudiante tunecino que había venido de paso, a ver el Clásico.
A las 08:53 de la mañana, el mismo sitio. La misma suerte. Ninguna diferencia.
Ya lo dejó escrito Jorge Manrique hace cinco siglos: nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. Allí llegan los ríos grandes y los chicos, y una vez dentro, son todos iguales.
Detrás de los 69 fallecidos hay 69 nombres. Todos importantes. Con sus vidas, sus ilusiones, su manera de ser. Su aprendizaje de vida.
En unas semanas muy pocos se acordarán de ellos. Siempre pasa. La noticia será quién ha ganado las elecciones, y en unos meses... quién sabe.
Pero ahora te costará un poco más olvidar estos ríos que conociste y que fueron a dar a la mar. A donde todos nos dirigimos.
Solo quería que lo vieras mejor. Desde el amor. Sin política. Para que no se queden en una cifra hueca. Para que nadie los olvide.
In memoriam de los fallecidos en Urda.
ÁLVARO-PAU
SÁNCHEZ SENDRA
La dimisión de Óscar Puente llega tarde y no basta.
Pedro Sánchez lo nombró y lo mantuvo después de Adamuz. Ahora debe asumir sus responsabilidades políticas, mientras los tribunales depuran las posibles responsabilidades penales.
116 vidas perdidas. No bastan las dimisiones. Exigimos verdad y justicia.
El 29 de noviembre caerá Sánchez.
Es lamentable decirlo pero Óscar Muerte no ha dimitido por los 115 muertos que llevará por siempre a sus espaldas, ha dimitido por unas tristes encuestas electorales.
Óscar Puente dimite, pero me va a costar olvidar que, con 116 muertos sobre la mesa, había periodistas pidiéndole que no lo hiciera. Cómo será de grande la degradación del oficio en estos 8 años que hasta alguien como Óscar Puente ha resultado tener más pudor que ellos.
Se repartieron el botín: ADIF para el PSOE, Renfe para los de la órbita de Sumar. Llenaron una y otra empresa de ineptos con carnet. Rapiñaron cuando pudieron y todo lo que pudieron. Han destruido las empresas que tenían que evitar que los españoles mueran por coger un tren.
Berlin. They speak Arabic, not German. They call for an Intifada. They did not come to Europe to work and integrate, but rather to bring holy war here. This has been the case for three years—every single day. They have no place in Europe. They must be driven out.
Perdón por mí opinión de extrema derecha pero yo quiero que en los puestos técnicos de las empresas públicas coloquen a ingenieros y expertos en la materia y no a putas y cargos políticos sin formación alguna
Un informe del Observatorio del Patrimonio Religioso desvela que Francia pierde un edificio cristiano a la semana por incendios intencionados
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