Duerme tranquilo esta noche, sabiendo que el mismo Dios que hizo fértil a Sara, promovió a José de la noche a la mañana, abrió el Mar Rojo y resucitó a Lázaro, sigue obrando milagros en tu vida.
Mi papá y mamá nunca me dijeron: “búscate un novio con dinero”. Ellos decían: “estudie, trabaje y así no dependa de nadie” y con el tiempo entendí que esa fue la mejor herencia que pudieron darme: la libertad de valer por mí misma, sin deberle mi dignidad a nadie.