Despertarse a las 3 am para venir a trabajar o estudiar a la Ciudad de Guatemala, porque en el resto del país no hay oportunidades ni servicios básicos, no debería ser normal.
La falta de oportunidades, la inseguridad y el tráfico son síntomas de un mismo mal; la ausencia y la debilidad del Estado.
Hoy fueron más de cincuenta los que murieron de una forma horrible, pero son cientos los que a diario mueren por la ausencia del Estado.
Antes que las luchas individuales, sectoriales o partidarias por el poder, en las que nuestra clase política gasta buena parte de su tiempo y recursos, los guatemaltecos merecemos —y necesitamos— un camino hacia la construcción de un Estado funcional.
Un Estado que, liderado por personas competentes y de carácter fuerte, garantice a todos los guatemaltecos la oportunidad de vivir con dignidad.