FRACKING
Pa’ que vean que soy humana: es cisma, no sisma. Lo sé desde siempre, pero igual me tropecé con la palabra como quien pisa una grieta recién abierta en la tierra. Y no, no voy a inventar que lo hice a propósito para evitar pronunciar la “c” como “ch”, siguiendo la moda fonética del tigrillo chiflado. Me equivoqué. Punto. Soy humana, y últimamente ando con la cabeza llena de placas tectónicas, temblores y preocupaciones que se me cuelan entre las sílabas.
La sismicidad en Colombia me ronda como un animal nocturno: se me sube al pecho, me muerde los pensamientos, me despierta con esa sensación de que algo profundo está crujendo bajo nuestros pies. Y no hablo solo de la tierra. Hablo de ese otro temblor, más silencioso y más grave, que algunos analistas describen como un fracking del Estado de derecho: pequeñas perforaciones, fisuras legales, presiones institucionales que, si uno no está atento, terminan fragmentando lo que debería sostenernos.
Es como si el país entero estuviera sometido a una doble extracción: la del subsuelo y la de sus garantías democráticas. Una perforación geológica y otra jurídica. Una que libera gas, otra que libera incertidumbre. Y yo, que siempre he sido obsesiva con las palabras, siento que esta fijación se me volvió un huésped permanente. Desde hace días me ronda las neuronas como un martilleo subterráneo, insistente, casi mineral.
Quizá por eso confundí cisma con sisma: porque llevo días escuchando rupturas. Rupturas en la tierra, rupturas en la institucionalidad, rupturas en la gramática emocional del país. A veces pienso que Colombia es un territorio donde hasta las palabras tiemblan.
Y aquí estoy, confesando mi lapsus como quien confiesa un miedo. Porque sí, soy humana, y últimamente todo me suena a grieta.
Ganar elecciones es más fácil que gobernar; se necesitan unas cuantas promesas, una campaña hábil y cabalgar sobre los errores del anterior gobierno.
En el caso del ya expresidente Petro, esos errores fueron múltiples y graves: salud, seguridad y corrupción son solo algunos, en ninguno de estos tres puntos vitales el país está mejor de como lo recibió hace 4 años.
Ahora para gobernar no alcanza con videos de IA y rezos matutinos. El nuevo presidente ganó las elecciones (sí, yo no me voy a meter en esa fábula del fraude electoral del que no hay evidencia seria ni creíble)
pero la diferencia fue muy estrecha y políticamente el país está profundamente dividido.
Más de 12 millones de colombianos votaron por la continuidad de un proyecto político al que sintieron cercano a sus preocupaciones sociales.
No se puede gobernar en contra de medio país, y menos a partir del lenguaje violento usado en campaña.
El nuevo gobierno tiene ahora la responsabilidad de dirigir una nación muy compleja, el espejo retrovisor dura poco como excusa; y tanto gobierno como oposición tienen que entender que la sombra de la violencia política
en nuestro país siempre está al acecho.
El periodismo tiene que cumplir con su deber de siempre: vigilar sin miedo la gestión de gobierno y denunciar lo que tenga que ser denunciado. No le corresponde a este ni a ningún presidente determinar cual periodismo es “bueno o malo”.
A Colombia hay que desearle lo mejor;
por siempre será nuestro país, para lo bueno y lo malo es de todos.
Una posesión presidencial que mostró sólo una cara del país y desapareció al resto de compatriotas, como era de esperarse y como ocurrirá en los años que vienen. No hubo una sola señal para reconciliar a los colombianos, inclusive con la intervención del presidente del @SenadoGovCo . Ni siquiera en las épocas oscuras de Núñez y Caro hubo una consagración religiosa como la de hoy que desconoció que el país es un Estado laico y no confesional; cuando esperábamos una ráfaga de decretos el gobierno disparó un ráfaga de rezos, la ceremonia civil de transmisión de mando terminó en una misa católica.
Veo a muchos celebrando el triunfo del fascismo en Colombia. Lucen dichosos, felices, envalentonados. Tal vez yo esté equivocada y el fascismo sea lo máximo, y quienes hoy brindan en sus redes tengan la razón.
Tal vez todo lo aprendí mal y el fascismo no sea ese monstruo al que le he temido toda la vida. Tal vez esto que llega hoy al poder, y que tanto me asusta, sí sea un milagro.
Tal vez no llegue a destripar ni a tratar como plaga a medio país. Tal vez no toque nuestras libertades, respete nuestras vidas y nos permita expresarnos, disentir y criticar lo que consideremos que está mal.
Tal vez no persiga ni hostigue judicialmente a quienes piensan distinto. Tal vez no convierta al adversario en enemigo. Tal vez no siembre miedo. Tal vez no termine sacándoles los ojos a nuestros hijos si deciden marchar y protestar en las calles.
Tal vez no regresen las ejecuciones extrajudiciales para mostrar cifras increíbles de seguridad. Tal vez fortalezca la economía y reduzca la brecha entre ricos y pobres. Tal vez combata a los narcotraficantes que antes defendió y de cuyas fortunas se lucró. Tal vez disminuya la inequidad y el odio que nos divide. Tal vez su Dios también sea el mío y donde sea que esté se apiade de todos en este país.
Tal vez yo esté equivocada.
Ojalá.
No está bien la invitación a participar en forma activa los representantes de los credos religiosos. En un estado laico, como es el colombiano, ese acto es desacato a la Constitución.
"Abriré un ron defensor esta noche a las 12 de la noche", dice Felipe Zuleta mientras suena la carcajada detrás de @ricarospina , quien pletórico nos cuenta de la posesión de quien lleva apoyando seis meses en radio nacional.
Definitivamente me lanzaron en brazos de Caracol. Una lástima por @hectorriveross , @LuisErnestoGL , @AurelioSuarez .
«Petro pudo construir una alternativa moderna, democrática e incluyente, que le habría servido mucho a esta sociedad tan rígida y fracturada, pero prefirió levantar un monumento a su paranoia y sus obsesiones». — La oportunidad perdida; nueva columna, en @ELTIEMPO
Es la batalla cultural apreciado @DiegoASantos . No fue una elección común lo que se perdió el pasado 21 de junio , fueron los avances en materia de derechos humanos y derechos civiles. Bienvenidos al nuevo-viejo mundo ! Las mujeres a obedecer al marido, a parir y a la cocina ! Las minorías a someterse a las mayorías. El poderoso que gobierne incuestionable por mandato divino! Trece millones votaron por otra clase de cambio y no lo saben pero lo sabrán . Cambiaron el siglo XXI por la edad media.