Creo que cuando no tienes ni pajolera idea de un tema, y tampoco de metodologías de investigación o epistemológicas, el pensamiento crítico queda limitado a mantener un sano escepticismo y a apostar por las fuentes con menor riesgo.
Para mí, esas fuentes menos arriesgadas son las oficiales (otro día explicaré porqué). Por eso, a todo aquel que quiera informarse en temas de salud, le recomiendo leer artículos científicos directamente.
Obviamente lo que se plantea en los tuits anteriores es una falsa dicotomía. Existen un sinfín de posiciones intermedias. Solo es un recurso expresivo con el que dar mi opinión sobre una problemática que veo actualmente en redes.
Por un lado, está la ciencia haciendo uso de las metodologías más pulcras para evitar sesgos y ruido (revisiones por pares, replicación de resultados, transparencia en los datos, uso de muestras representativas, descentralización parcial , etc), por otro lado, hay un instagramer.
A pesar de estar cayendo en una falacia de autoridad, creo que, solo por simple prudencia y análisis de riesgo-beneficio, vale la pena seguir el corpus de conocimiento científico en materia de salud.
@abeingbehaving Por curiosidad, ¿no crees que independientemente del sistema, por perverso que este sea, cierto grado de sufrimiento también es inevitable?
Es de perogrullo. Pero que el fenómeno de convergencia sea una de las hipótesis que explica el dolor viscerosomático no permite concluir que “tratar/estimular” el soma reduce síntomas provocados por órganos viscerales.
Esto no quiere decir que cualquier fisioterapeuta pueda tratar tal amplio abanico de posibilidades (si debe tener cierta base). Sino que hay especialistas (no reconocidos como tal, actualmente) a quien derivar.
Repite conmigo: el fisioterapeuta no solo trata patología musculoesquelética, también puede ayudarte ante problemas cardiovasculares, respiratorios, neurológicos, oncológicos, embarazos…
Creo que la mentalidad va cambiando. Los más jóvenes ya no equiparan al fisioterapeuta con un masajista, pero si siguen pensando que el ámbito de actuación se reduce a tratar cervicales, lumbares y hombros.
¡Ojo! El estrés también es una respuesta (cognitiva/emocional), no un estímulo. Decir: “Tienes que reducir el estrés” no es lógico. ¿A alguien con dolor, para que mejore, le darías el consejo: “Tienes que reducir el dolor”?
Es hora de reevaluar el lenguaje que usamos para hablar de dolor.
Estímulo doloroso --> Estímulo nocivo (o inminentemente).
Umbral de dolor --> Intensidad del estímulo que induce dolor.
Procesamiento del dolor --> Procesamiento nociceptivo.
Aunque estoy de acuerdo con Moseley y colaboradores en que los términos de la izquierda pueden ser útiles y más entendibles en el contexto clínico, en el ámbito profesional y científico deberíamos buscar la máxima precisión posible.
El terapeuta de estilo dictatorial – “No hagas esto”, “Actúa así”, “Así no lo conseguirás” – obtiene menos resultados con pacientes resistentes al cambio. Es más efectiva una relación colaborativa, donde el terapeuta actúa como guía y respeta la autonomía del paciente.
El problema es cuando la “complicación” se parece a jugar al ajedrez con piezas cambiadas. Cuando esta no tiene relación alguna con la manifestación coordinativa del objetivo principal. Básicamente perdemos tiempo aprendiendo una nueva forma de coordinación que no sobrecarga.
Imagina que para mejorar jugando al ajedrez te dicen:
Ahora el caballo es la torre, el alfil el caballo y así. Te cambian un poco todo y empiezas a jugar.
¿Con esta estrategia mejorarias tu nivel en ajedrez? Claramente no.
Incluimos un elemento que no mejora tu nivel porque no tiene relación con la propia mecánica del juego; que es muy específica.
Pues esto mismo pasa con algunos enfoques de entrenamiento.
Se coge un ejercicio y se busca la manera de complicarlo. Algo que no está mal per se.