El speech de Zverev que tienes que escuchar.
🗣️ “Quiero agradecer a una persona más una que nunca ve realmente mis partidos, pero es la persona más importante en mi vida tenística y en mi vida en general.
Cuando tu hijo de 4 años es diagnosticado con diabetes, y los médicos en la oficina te dicen que la vida y el deporte serán muy, muy limitados para ese niño, se necesita una madre muy, muy fuerte para salir de ese despacho y decir:
‘Mi hijo estará dondequiera que quiera estar. Si quiere ser tenista, será tenista. Si quiere hacer algo más, hará algo más. Pero esta enfermedad no nos definirá’.
Mi madre es la persona más importante y fuerte que conozco. Se necesita una mujer increíblemente fuerte para hacer lo que ella hizo.”
Inspirador para muchos diabéticos o para padres de hijos diabéticos.
es el mejor clip que he visto en mi vida
- quiere mandarla a la grada y le da para atrás (?)
- cambia de pierna y le mete un zambombazo al gordo de delante
- vuelve a chutar (el gordo se agacha) y la manda fuera del estadio
lagrimones como puños
Vale, ahora entiendo por qué todas las superestrellas de la WWE quieren uno de estos cuando negocian un nuevo contrato 😭
ES, LITERALMENTE, UNA MANSION SOBRE RUEDAS, TÍO �
Cuando entraron una noche y secuestraron en Chile al Teniente Ojeda, y se lo entregaron al Tren de Aragua, lo torturaron, lo metieron medio muerto a una maleta y lo enterraron bajo concreto, todo en suelo chileno, no los vi tan preocupados del derecho internacional. Hipócritas.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
Acompáñenme a presenciar el mejor error de Navidad de la historia. Resulta que mi hija, Clara, hizo esta carta para Papá Noel (prestar atención al punto 1):
Entre Baquedano y el GAM, mi auto recibió un piedrazo de amor solo por flamear nuestra bandera. Menos mal no rompió un vidrio.
El odio anula los sentidos, miserables q no les importó herir una mascota o quiénes ibamos ahí.
Por eso, no al comunismo. Llora. #KastPresidenteDeChile