¿Sabéis qué problema tengo con Kroos?
Que con él nunca existió en mí la sensación de que fuera a marcharse. Da igual que nos avisase cien veces. Se intuía imperecedero. Como tu primer coche. O como tus padres, a los que siempre te imaginas a tu lado. Porque en parte, Toni es el padre de la generación más gloriosa que hemos visto en el Bernabéu.
Pero todo se acaba. Y cuando no te lo esperas, duele todavía más. Kroos lo deja como ha jugado: con elegancia. Respetando los tiempos y cumpliendo su palabra. Un hombre que a pesar de tanta gloria nunca se creyó más que el escudo. Porque la camiseta del Madrid no se mancha y él se va con ella impoluta.
Ayer fue un día muy triste. Kroos representa la idea más sana y feliz que tengo del Real Madrid. El luto con él es diferente. No me vale el “seguirán ganando” o el “ya se han ido otros grandes jugadores”. Lo que necesito con Toni es que no se vaya. Seguir viendo sus botas blancas. Necesito que se quede un poco más. Por lo menos, hasta que me haga a la idea de que no voy a verle jugar más, aunque no creo que ese momento llegue…
Gracias por todo, leyenda.