Soledad, tristeza, melancolía... todas se unen para hacerme compañía porque ninguna quiere verme mal. Lástima que la verdad es no hay nadie que me haga sentir bien.
Me encontré a un paseador de perros y le señalé que uno no llevaba correa.
Me dijo que no era su “cliente”, que era un perro callejero que todas las mañanas los esperaba en el parque para pasear y jugar con sus amigos.
Que los acompaña, juegan y se despiden todas las mañanas.