El físico del otro no es el problema. El verdadero problema es cómo ella responde cuando expresas que algo de esa relación te incomoda o te hace sentir mal.
Hablar con un amigo no es una traición ni una infidelidad, y tampoco significa que ella esté haciendo algo malo. El problema aparece cuando expresas una incomodidad y en lugar de escucharte, la minimiza o te hace sentir que estás exagerando.
Hay que separar las cosas. Que él sea más alto o más grande no es algo que puedas controlar y tampoco debería convertirse en una competencia. Que ellos hablen seguido, se rían y tengan confianza puede ser simplemente parte de una amistad.
No necesitas competir con él ni compararte físicamente. Habla con ella y explica qué es lo que realmente te molesta. Si te escucha, lo toma en serio y busca una forma de que ambos estén cómodos, quizá simplemente no había dimensionado cómo te estaba afectando.
Pero si se pone a la defensiva, se burla o te hace sentir ridículo por expresar lo que te molesta, entonces el problema ya no es ese amigo, sino la forma en que están manejando ese conflicto.
Porque poner un límite no significa querer controlar al otro. También significa poder expresar lo que necesitas y ver si la otra persona está dispuesta a escucharte y buscar un punto medio.