Mi tipo es ese hombre que no hace TikToks, no le gusta el matcha, ni postear fotos en el espejo, no usa filtros, sabe de todo, arregla todo y siempre resuelve. Un varón básicamente.
No tengo ni una consideración del “bolt” asesino. Porque en su gran mayoría los q conducen plataforma son unos agresivos nerviosos conducen como unos animales y salen este como una blanca paloma.
Es triste escuchar este tipo de opiniones emitidas a través de un micrófono, porque las palabras tienen peso, impacto y llegan a muchas personas que están atravesando momentos sensibles en sus vidas.
El embarazo no es una enfermedad, pero tampoco es un estado que deba minimizarse. Durante la gestación ocurren cambios hormonales intensos, cambios físicos y emocionales que pueden afectar el estado de ánimo, la tolerancia al estrés, el cansancio y la salud general de la mujer.
Muchas embarazadas atraviesan náuseas, mareos, fatiga extrema, dolores musculares y, en algunos casos, embarazos de alto riesgo que requieren cuidados especiales.
Por eso resulta aún más triste cuando estos comentarios provienen de mujeres, porque entre mujeres debería existir empatía y comprensión. La maternidad, el embarazo y los cambios que conlleva no deberían ser motivo de juicio ni de burla.
Y aunque muchas personas crean que estas situaciones son aisladas, en la práctica vemos otra realidad. A muchísimas de mis pacientes embarazadas les toca enfrentar no solo el desafío físico y emocional del embarazo, sino también la falta de empatía en sus lugares de trabajo.
Y en muchos casos, quienes menos comprensión muestran son justamente sus jefas mujeres.
Esto no se trata de debilidad, ni de privilegios. Se trata de salud, de respeto y de protección a la vida que se está gestando.
Concienciar sobre estos temas es fundamental. Las mujeres embarazadas necesitan apoyo, respeto y condiciones adecuadas para atravesar esta etapa con seguridad física y emocional.
La empatía no debería ser opcional, debería ser parte de nuestra responsabilidad como sociedad.
Una de mis decepciones laborales fue entender que, en algunos lugares, el mérito no vale tanto como la adulación.
Si no eres el favorito del jefe, simplemente no existes.
Y aunque tu trabajo hable por ti, el sistema termina apagando tu motivación.