Estoy chateando con Claudymar y miro su estado de WhatsApp. Ahí aparece esta foto, gráfica que expresa miles de pensamientos y desata sentimientos. Acaba de llegar de los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2023, donde en nombre de Venezuela, ganó una medalla de bronce.
Ella es una karateca inconmensurablemente talentosa, de aquellas con técnica extraordinaria, pulida y fiel a un estilo cazador, ganador. Pero, al llegar a casa, es la niña Clau, la de Puerto Cabello, hija de la campeona Claudia Sequera y a su vez, ganadora de un diploma olímpico, pero común, común como tú, común como yo, protegiendo su espalda con bloques adheridos al cemento, una pancarta hecha con el más profundo amor de sus cercanos, los globos que dan forma al recibimiento, humildad y lo más bello de todo, su sonrisa.
Claudymar ha pasado por tantas cosas en tan poco tiempo, que para mí se convierte en una especie de música trasladante a tiempos anhelados, de viento con choque, de espacio sin fin. Ella se para a pelear, pero en cada combate debate con su mente y en medio de tanto, representa y dignifica a la gente de manera diferente. Vio morir a su abuela y a su padre en nada, como si la arena se le escabulló entre las manos; ha pasado por cosas que solo ella dentro de su corazón comprende cuánto pesan y aún así, Claudymar está en casa para sumar una nueva presea y lo que más desea, es seguir.
“Migue, aquí entreno, es la azotea de mi casa, mientras termino de construir mi dojo, que me tiene en banca rota”, dice mientras ríe. No le respondí, porque dije que lo haría de una manera acorde a lo que ella es y representa, sin más, ni menos.
¿Y cómo no amar a nuestros atletas? ¿Y cómo no contar estas historias? ¿Y cómo no desnudar aquellos mitos de la fama asociada al dinero? ¿Y cómo no enaltecer a quienes dan todo, aún entre tantas dificultades? Claudymar, ni el mar tiene ese nivel de grandeza que tú llevas en el nombre de Venezuela cuando tu arte es nuestra defensa. ¡Te quiero y te admiro muchísimo! ❤️
Perdóname por dejarte en azul. Prometo no volverlo a hacer.