Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Se dice FEMICIDIO
Corren tiempos turbulentos donde se intenta pisotear la memoria. No se busca debatir una cifra, se busca destruir un concepto. Y lo vil de reivindicar un plan de exterminio estatal jamás logrará callar lo que un pueblo gritó y sentenció para siempre:
¡Nunca Más! Y es ¡Nunca Más!
Cuando era adolescente vivía cerca de la la esma, en la casa donde aún viven mis padres. Los fines de semana salía a correr por libertador y siempre pasaba por la puerta, trotaba esa larga cuadra atraída por el espanto, no pudiendo creer que ese lugar estuviera ahí tan impune, lleno de los peores secretos. Me preguntaba si mientras yo pasaba por ahí tan tranquila había en el fondo de ese gran predio restos o indicios de personas que aún estaban siendo buscadas. Todavía había militares ahí adentro y en la puerta unos pibitos con sus rifles me miraban lascivos y hasta a veces decían alguna barbaridad. No me asustaban, pero hoy lo recuerdo y sí me da miedo. El día que Néstor obligó a que abrieran las puertas fui con un amigo. Entré, entramos todxs, recuerdo poco, pero recuerdo que nadie subía el tono de voz, estábamos en otra dimensión. Volví una vez más, y cuando se abrió al público como museo de la memoria ya no pude volver, de solo pensarlo lloro. A 50 años del golpe hoy, que tenemos el gobierno más facho desde que se fueron los milicos, tenemos que estar en la plaza. Nos vemos ahí.