Me sorprende reconocer cómo he mejorado un hábito que antes era mi método antiestrés. Y es que fuí parte del grupo de aquellos que lastimaban sus uñas a un límite doloroso. Pero actualmente no ha quedado huellas de lo sucedido. Sigo preguntándome cómo cesó tal impulso.
Cuando busco despejar mi mente, recurro a mi libreta de dibujos. Pueden encontrar desde bocetos sin acabar hasta un par de ojos realistas. Y aunque lo intento, (me) es imposible no caer en la preferencia de retratar una mirada.