En 1973, Moe Howard de Los Tres Chiflados fue invitado a un programa de televisión y en un segmento hablaron sobre el arte de tirar tortazos en la cara. No tiene desperdicio.
Momento memorable: Rubén Blades cantando ‘Pedro Navaja’ junto a La Dimensión Latina, que por aquellos días tenía al gran Andy Montañez como vocalista, durante la entrega de los premios ‘Meridiano de Oro’ en Venezuela; era el año 1979.
Rubén Blades había sido elegido ‘Cantante Extranjero del Año’, imponiéndose en la categoría a Julio Iglesias, Camilo Sesto y Juan Gabriel. De acuerdo con la revista Cash Box, Blades viajó a Venezuela para recibir el Meridiano de Oro, considerado entonces el premio popular más prestigioso del país. La ceremonia fue realizada el 27 de octubre de 1979 en el Estudio 1 de Venevisión y transmitida por el Canal 4 de Caracas.
Rubén Blades escribe historias tan visuales que, en 1983, el animador puertorriqueño Paco López decidió convertir una de ellas en dibujos animados. Eligió ‘Ligia Elena’ porque, según contó años después, quería abordar el racismo y consideraba que Blades era un compositor muy ‘gráfico’. Junto al mexicano Abdías Manuel realizó en Ciudad de México este cortometraje animado en 2D, una coproducción entre México y Puerto Rico de más de 6 minutos de duración, que llevó a imágenes la historia de una joven de alta sociedad que se enamora de un trompetista afrodescendiente pobre, obra que en 1984 fue premiada como Mejor Cortometraje en el prestigioso festival de cine FestRio, celebrado en Río de Janeiro, Brasil.
Y pudo no ser la única producción. Una publicación especializada en la historia de la animación mexicana documentó en 2009 que, después de ‘Ligia Elena’, quedó en proyecto llevar también a la animación otra de las grandes historias musicales de Rubén Blades: ‘Pedro Navaja’. Hasta donde he podido rastrear, ese proyecto nunca llegó a concretarse. Una lástima, porque si ‘Ligia Elena’ funcionaba perfectamente como un pequeño cortometraje, imaginen las posibilidades que ofrecía la historia de Pedro Navaja.
Millones de niños creyeron que estaban viendo a Bugs Bunny atormentar a Elmer Gruñón en una barbería. Sin saberlo, Chuck Jones les estaba dando su primera clase de ópera.
En 1950, Warner Bros. estrenó "Rabbit of Seville" ("El conejo de Sevilla"), un cortometraje construido alrededor de la obertura de "El barbero de Sevilla", de Gioachino Rossini.
Pero Chuck Jones no se limitó a colocar música clásica sobre una persecución.
El compositor Carl Stalling conservó gran parte de la estructura original, eliminó algunas repeticiones y aceleró el ritmo para adaptarla a los poco más de siete minutos del corto.
Después, cada movimiento fue animado para coincidir con la partitura.
Los pasos, los golpes, las tijeras, la espuma de afeitar y hasta los dedos de Bugs siguen las notas de Rossini. En una escena tuvieron que dibujarle cinco dedos, en lugar de sus cuatro habituales, para que pudiera "tocar" correctamente la cabeza de Elmer como si fuera un piano.
No había música acompañando los chistes.
Los chistes eran la música.
Décadas después, profesionales de la industria la eligieron como la número 12 entre las 50 mejores caricaturas del siglo XX.
"Rabbit of Seville" logró algo que muchas clases nunca consiguieron: hacer que millones de niños escucharan ópera, entendieran su ritmo y la recordaran toda la vida sin sentir que estaban estudiando.
Muchos conocimos a Rossini gracias a Bugs Bunny.