Xenia se detiene tres pasos antes de llegar con su madre. Es una costumbre de bastante tiempo, siendo tres pasos para llegar con ella y cuatro con sus hermanos. Cinco con todos si se encuentran demasiado ocupados o si ella ya no quiere caminar tanto, ni uno más o menos.
La distancia es de varios pasos y con cualquier otro ese tono de voz podría pasar desapercibido, pero Xenia conoce muy bien esa llamada. Al voltear confirma que se trata de nadie más que su querida madre.
La mirada de la joven se ilumina y su sonrisa se queda permanente en su rostro. —Madre —no duda en acercarse a ella. —¿Estás dando un paseo también, madre?
De haberlo sabido, tal vez hubiera pedido acompañarla. Pero es igual de bueno encontrarla así.
—Se ve que son muy agradables —la joven se quedó quieta cuando el cuervo se posó a su lado, volteando solo un poco a su lado con una sonrisa y conteniendo sus ganas de darle una pequeña caricia al animalito debido a no haber pedido permiso para ello.
Un puchero de verdadera pena y disimulado se le escapa.
—¿Les gusta esta hora? —ya que normalmente no tiene la oportunidad, se va a quedar quieta si eso significa tenerlo a su lado un segundo más.
—Lamento la interrupción, pero quería verlos solo un poco más de cerca, ¿Son todos suyos o se le han acercado? —Una ligera inclinación da como un saludo tardío.
La única diferencia con estar al sol, es su solitaria presencia. No es que le moleste
—Son cuervos muy lindos —su voz es suave como sus pasos para evitar que los cuervos salgan volando.
El horario de Xenia es un poco desordenado. Se encuentra bastante activa en el día yendo de un lado a otro siempre acompañada de alguien y eso debería ser agotador. Sin embargo, ella todavía tiene suficiente energía bastante entrada la noche.
—¿Acaso el joven quería verme? No recordaba que podías ser tan desesperado. ~
Sus palabras bajas vienen acompañadas de una sonrisa maliciosa que desde su posición nadie más que él podría ver.
Es un poco asombroso, honestamente. Creería que, ante algún inminente encuentro entre ellos, ya sea por casualidad o por caer ante alguna forzosa aproximación, el contrarío buscaría la forma de salir huyendo de su persona.
Sin embargo, de alguna manera, se ha quedado.
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Por desgracia,.o al menos así lo sentía él,.el efluvio de la Sanguistyn permanecía adherido a su memoria y a su olfato como una marca que se negaba a desvanecerse. Incluso a kilómetros de distancia creía percibirla, oírla, sentirla, y
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—Oh, joven Clawtsev, para su fortuna, me encuentro con el suficiente tiempo libre...es solo que es un pedido un tanto repentino. —Adopta entonces un ligero tono que connota cierta vergüenza, que en realidad no tiene y se puede dejar ver con las palabras que siguen.