jugando.
Finalmente, le escupió.
Y obviamente no la castigué, expresó su malestar, buscó ayuda de adultos y como último recurso se defendió.
A las niñas nos enseñan desde pequeñas que somos unas exageradas y si nos defendemos, nos castigan.
Cuando mi hija iba a tercero de primaria me llamaron del colegio porque había escupido a un compañero.
Ya en casa, hablamos.
Me contó que el niño la perseguía para darle besos, ella le dijo muchas veces que no quería, fue a decírselo a los profesores y le dijeron que sólo estaba