La responsabilidad afectiva no es solo evitar herir, es entender que todo lo que haces, lo que dices, lo que callas, cómo actúas, deja huella en la mente y el corazón del otro.
No se trata de prometer, sino de ser consciente de lo que generas.
No escoges ni a tus padres, ni a tus hijos, ni a tus suegros. De tu familia solo puedes escoger a una sola persona: tu pareja. Espero que tengas buena elección.