Cuando te cansas de verdad, no haces ruido. No amenazas, no explicas, no persigues ni esperas nada. Simplemente paras. Cierras por dentro, apagas la escena y sigues adelante sin mirar atrás. Ahí es cuando todo ha terminado.
Y recuerden que cuando debes explicar una y otra vez todas tus necesidades emocionales, realmente estas sobreviviendo a la inmadurez ajena, y eso, mas que hacerte avanzar, te destruye.