Hace unas semanas presenté una campaña que me apasiona: #JugarNosHaceCrecer, una iniciativa para reposicionar el valor del juego en la infancia argentina.
La propuse a la Cámara del Juguete como una acción sectorial, porque creo que la industria tiene una oportunidad enorme de volver a hablarle a la sociedad, no solo a los fabricantes.
Por ahora, no se avanzará por cuestiones presupuestarias, pero la idea sigue viva.
Si trabajás en la industria del juguete —fabricante, distribuidor, pyme o espacio de educación— y creés que el juego puede volver a ser un puente entre generaciones, escribime.
Este movimiento puede nacer igual, con quienes quieran impulsarlo.
Porque jugar nos hace crecer.
#TelarDigital #TiempoDeJugar #JugarNosHaceCrecer #IndustriaArgentina #ComunicaciónConPropósito
Me acuerdo la primera (y la ultima) vez que le dije "puta" a una piba. Tenía cosa de 10 años y estábamos en la costa con mi familia, paseando por la peatonal de San Bernardo. Era de noche, carnaval, había corridas, espuma, bombuchas.
Sentí que atrás alguien me había tirado espuma en la espalda. Yo no estaba jugando. Me di vuelta y era una chica más grande que yo, de unos 14 años. Se estaba riendo, mis viejos (y la familia de ella con sus hermanas o amigas) también, como la gente alrededor porque claro, estaban jugando. Era un juego.
Yo no lo entendí así. Me sentí mal, ridiculizado por alguien más grande que yo. No tenía herramientas para regular (o digerir y arremangar) el enojo. Me di vuelta y le dije una sola cosa: "puta".
No me olvido mas. Mis hermanas dejaron de reírse, mi vieja también. La chica y la familia siguieron caminando, aceptando que era el enojo de un nene chico, medio boludo. Mi viejo me miró como para darme un cachetazo sin precedentes.
Pero en vez de hacer eso, me agarro del brazo, me hizo caminar rápido para pedirle disculpas a la nena. (Porque también me vio mal por haber usado esa palabra del mundo adulto). El le pidió disculpas al padre y a la madre, y yo le pedí disculpas a la nena. Le dije muy tímidamente que no quise decirle eso, que estaba enojado y que me perdonara. Me perdonó, los padres agradecieron al mío, nos saludamos todos. Pero no terminó ahí.
Volvimos callados. Yo todavía me acuerdo de la angustia infantil, y la recuerdo porque fue posiblemente la primera gran cagada, de esas en las que esperas que el tiempo retroceda, o las que sabes que vas a tener que enmendar con otras mejores. Era chico, mi hermana más grande me abrazaba sin decir "te mandaste una cagada boludito, pero ya paso".
Abrimos la puerta de la casita en la que estábamos y el único aliciente era el olor a casa de costa. Se prendió la luz y lo primero que escuché fue "Entendés por qué lo que hiciste estuvo mal?"
Hablamos de por que me enoje así, que no podía reaccionar de forma extrema ante algo que sentía. Que era una palabra horrible para que diga un nene, que yo no entendía el significado de lo que dije y me explicaron que era algo denigrante y muy violento de decir, mas si es como intención de lastimar.
Las dos cosas más importantes fueron que "Diciéndole puta a esa nena, le dijiste puta a tus hermanas y a tu mama". Me aniquiló para toda la cosecha, pero lo entendí. Y lo otro, fue que si me enojaba, tenía que buscar la forma de no reaccionar así, porque no solo no estaba bien, sino porque no lo ameritaba. Yo me enoje y la nena estaba jugando.
Un nene que piso el mundo adulto de la peor forma y fue devuelto a la niñez con una enseñanza a través de un cachetazo formativo que todavía dura hasta hoy.
Hombres, padres, amigos, compañeros: eduquen a sus pares, a sus hijos, a sus hermanos y amigos hombres en estos sentidos. Aunque sea rudimentario, funciona, se entiende y se hace carne.
Mis dos centavos.
Si tu amiga es pobre no se sostiene la amistad. Si tu amiga es madre no se sostiene. Si se muda etc.
Ustedes no quieren amigas, quieren gente con quién salir