Después de una cuarentena de trabajo en mis ratos libres, quiero compartirles este "trabajito": la historia de todas las camisetas de River desde 1901 a hoy. Meses de investigación, relevamiento, retoque digital una por una sumando 208 casacas. (sigue)
🔴⚪️ River Plate have reached 105 consecutive sold-out matches, with more than 85.000 fans in attendance at the Mâs Monumental.
This was the team’s reception at the latest Superclásico against Boca Juniors. ⤵️🎥
Son básicamente cobardes que atacan a gente desarmada, porque saben que hay gente con doctorados que les va a dar marco teórico para que se justifiquen.
¿Puede un tuit cambiar la manera en que vemos una marca?
Definitivamente, ¡sí!
Después de 60 años, alguien vio en el logo de @FVGRIFERIA lo que pocos habían notado. Y nosotros vimos una oportunidad: convertir un simple posteo en una historia que conectó con sus usuarios.
Los antisionistas dicen muchas pavadas, pero cuando muestran cosas del Mandato Británico a modo de gotcha para decir “mirá cómo Palestina existía antes que Israel” es cuando más risa me dan. O sea los tipos te hablan de los kibbutzim creyendo que eran emprendimientos árabes, te muestran una moneda de “Palestina” que dice Eretz Israel en hebreo, el equipo de fútbol de “Palestina” que en realidad era el Macabi Tel Aviv y cuyo capitán se llamaba Avraham Reznick, el Palestine Post que era un diario sionista y hoy es el Jerusalem Post, Palestine Airways fundada por sionistas, la Palestine Football Association que hoy es la Asociación de Fútbol de Israel, etc.
Si asumieran que Palestina nunca fue un país, que la primera vez que hubo una entidad política con ese nombre fue durante el Mandato Británico, y aun así defendieran el derecho de los palestinos a tener su propio Estado -porque no importa cuándo empezó esa identidad nacional, sino el hecho de que exista para fundamentar ese derecho-, se verían mucho menos patéticos.
Pero como toda su ideología gira alrededor de negar la conexión histórica de los judíos con esas tierras y con el Medio Oriente en general, y de presentar a cualquiera en la región que no sea árabe o musulmán como colono y a los palestinos como una suerte de mapuches colonizados por europeos, terminan haciendo estos papelones.
Esto es el *intercambio de rehenes* del que hablan los antisemitas, woke, nazis, flotillas. Un tipo que bombardeó un micro escolar matando a seis niños vs un pibe de 20 años que fue a una fiesta por La Paz o estaba durmiendo en el kibutz. Idéntico.
NO SOMOS LO MISMO.
NO ES GENOCIDIO
Yo he estado en Auschwitz, en Dachau, en Buchenwald, en Mauthausen. En este último, por cierto, en más de una ocasión. Y lo de Gaza no es genocidio. Genocidio es querer exterminar a otro pueblo. Incluso con métodos industriales. A sangre fría.
Lo de Gaza es una guerra. Y no la empezaron ellos. En la memoria de cada israelí quedará grabada la fecha del 7-O del año 2023. Como, en la de los americanos, ha quedado grabada la del 11-S del año 2001. Los asesinatos a sangre fría o delante de los hijos. Las violaciones masivas. El secuestro de civiles. Y, sobre todo, la alegría de los asesinos por cada una de sus acciones.
El último cazado por el Mossad fue aquel que, en una llamada telefónica a su padre, estaba exultante por haber matado a diez israelíes con sus propias manos. El progenitor estaba orgulloso del comportamiento de su hijo. Lamentablemente en las guerras mueren civiles. De hecho, en general se ganan masacrando a los civiles. Desde un punto de vista militar, son el punto débil. Se intenta quebrar su moral o desatar el pánico.
Los alemanes, durante la II Guerra Mundial, lo sabían bien. De ahí el bombardeo de Varsovia o el de Róterdam. A pesar de que los holandeses ni siquiera participaron en la Primera Guerra Mundial. Y luego acogieron al káiser depuesto. O en Francia. En la que ametrallaban las columnas de refugiados. Era una manera de entorpecer los movimientos de tropas. Aunque, dicho sea de paso, entonces ya estaban más en desbandada que al ataque.
En el conflicto de Gaza, el Ejército israelí ha intentado salvaguardar las vidas de los civiles. Lanzando folletos o pidiendo evacuaciones. Incluso en el caso de los fallecidos en las denominadas colas del hambre, cuesta pensar que lo hicieran expresamente. Aunque, evidentemente, a veces es difícil discernir.
Al fin y al cabo, a medida que avanzaba el conflicto nos enteramos de que Hamás utiliza a sus propios ciudadanos como escudos humanos, tiene centros de mando en sótanos de escuelas o de hospitales, varios de sus miembros trabajaban en la UNRWA —la agencia de las Naciones Unidas creada expresamente para los refugiados palestinos— y periodistas fallecidos eran, en realidad, miembros de Hamás.
Por eso, seguí atentamente la comparecencia de Pedro Sánchez el pasado lunes desde los jardines de La Moncloa. Quiero remarcar de entrada que era una declaración institucional, no una rueda de prensa: no había preguntas. Es más, debía hablar a los árboles porque tampoco había nadie excepto el cámara y su equipo de confianza.
Me pareció una huida hacia delante. Incluso al margen de la Unión Europea, que se resiste a hablar de «genocidio». La política exterior española está cada vez más escorada a la izquierda: oscila entre la India —aquel famoso viaje oficial antes de la DANA— y aquella famosa foto con Gabriel Boric (Chile), Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Yamandú Orsi (Uruguay) antes de tomarse unas merecidas vacaciones. Menudos aliados internacionales tiene España.
También una iniciativa de cara a la galería. Para contentar a Sumar. Porque es evidente que «el tránsito por puertos españoles» o «denegación de la entrada al espacio aéreo» excluye las bases norteamericanas de Rota y Morón.
Además, cuando anunció la prohibición legal de vender armamento «a ese país», pensé que, en realidad, éramos nosotros los que comprábamos munición a Israel.
Como el caso de los 15 millones de proyectiles de nueve milímetros para la Guardia Civil que, al final, suspendió el Gobierno. No somos ya capaces ni de fabricar balas. Como las mascarillas, que las teníamos que importar de China. Aunque insistió en hablar de «genocidio», de «crímenes de guerra», de «asentamientos ilegales». Pablo Iglesias no lo hubiera hecho mejor. Solo le faltaba decir que se embarcaba en la flotilla.
En el fondo, el objetivo era Benjamin Netanyahu, por su proximidad ideológica a Trump. De hecho, hasta lo citó al final de su intervención. Y admitió que las medidas adoptadas eran para «añadir presión» al primer ministro israelí. En Tel Aviv deben estar temblando a estas alturas. De hecho, la reacción fue inmediata. Han prohibido —de momento— la entrada de dos ministras: Yolanda Díaz y Sira Riego. Para mi gusto, habría añadido a la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
Pero lo peor fue cuando aseguró que España se situaba así «en el lado correcto de la historia». Era exactamente lo mismo que decía el entonces presidente de la Generalitat, Quim Torra, tras la aplicación del 155, que animaba a los CDR con el apreteu, apreteu. O que flirteó con una guerra como la de Eslovenia.
Y, desde luego sin ánimo de comparación, debe ser también lo mismo que piensan los de Hamás. Aparte de eso, ni una sola palabra sobre los rehenes que todavía permanecen en poder de la organización terrorista —el último del que se tiene noticias estaba famélico— casi dos años después. A veces parece que la violencia contra Israel tenga que salir gratis. No entenderé nunca esta Europa que insiste en suicidarse.
Publicado en La Gaceta el 10 de setiembre del 2025
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La foto es del campo de concentración de Mauthausen (Austria)
En 1939 había 10.000.000 de judíos en Europa, hoy queda apenas 1.000.000. Eso fue un genocidio, el Holocausto. Desde 1945 hasta ahora hizo falta todo este tiempo para que la población judía mundial volviera al nivel de antes de la guerra. Somos 15.000.000 en un planeta de 8.000.000.000.
En 1938 había 700.000 palestinos en Palestina, hoy son 7.000.000. Eso no es un genocidio. Dentro de Israel viven más palestinos ciudadanos que judíos en toda Europa, y muchos de ellos sirven en el ejército israelí contra Hamas, al igual que los drusos.
Lo que ocurre en Gaza es una guerra, una guerra que empezó Hamas el 7 de octubre con secuestros, violaciones y el asesinato brutal de bebés y familias enteras. Iniciar una guerra y luego perderla no convierte al agresor en víctima. Han muerto unas 50.000 personas, 23.000 eran combatientes de Hamas y el resto fueron usados como escudos humanos. Hamas siempre supo que si devolvían los rehenes se acaba a la guerra, aun lo sabe, no lo hace. Se vio claramente en la reciente operación contra los jefes de Hamas en Irán, cuando no hubo civiles de por medio Israel fue directamente contra los generales iranies y evitó bajas inocentes.
Cada vez que a Pedro Sánchez lo alcanza un escándalo, reacciona acusando a Israel de genocidio. En realidad ataca a nosotros, los judíos. Somos apenas 15 mil en España, pero seguimos siendo como en la Edad Media el chivo expiatorio de los gobiernos antisemitas. Por suerte tenemos a líderes como Isabel Ayuso y Santiago Abascal que representan la esperanza de España y entienden muy bien el tema de Israel y públicamente nos defienden del antisemitismo del PSOE y la ultra izquierda con quien gobiernan.
Lo que muchos prejuzgan desde Occidente rico, se ve bastante distinto desde Medio Oriente. Antes de opinar ligeramente, informate, odiador serial del pueblo judío.
- "Hamás se llevó la ayuda, nos robaron todo"
- "Hamás es peor que ISIS"
- "Hamás nos disparó para robarnos la ayuda"
- "Todo el pueblo odia a Hamás"
🇵🇸🇪🇺
Menos los wokes de Occidente que son los que los aplauden y buscan paralizar de todas las formas posibles la capacitad de #Israel para defenderse!! 🤦♂️
Si sos argentino y defendés un régimen que puso dos bombas en nuestro país, matando a más de 100 compatriotas e hiriendo a más de 500 mientras acusás a otros de servir a intereses extranjeros contrarios a los nacionales, dejame decir que no sos antiimperialista, sos un imbécil.