@tjcope@DaniBlanquez_@carlos_fp1@MundoMaldini@Guaschcope estaría bien que avisarais que partido del fin de semana va a hacer cada comentarista con antelación, por ejemplo el viernes antes del inicio de la jornada. Soy fan del programa pero a veces no puedo escuchar todos.
Gracias
LA IZQUIERDA QUE TAL VEZ HA MERECIDO PERDER
El miedo a la derecha está justificado. 1984, de George Orwell, que no fue escrito en 1984, como ha apuntado Núñez Feijóo con su habitual clarividencia, nos alertó del ascenso de los totalitarismos en un futuro no muy lejano y ese futuro ya está aquí, con el auge de la ultraderecha en todo el mundo. En Sonnenberg, Alternativa para Alemania ha conseguido el 52% de los votos. El discurso del odio, una síntesis de racismo, xenofobia, machismo, negacionismo climático y homofobia, se normaliza y ha logrado seducir a las nuevas generaciones. En España, la economía va bien. Ha bajado el paro, el PBI ha vuelto al nivel previo al coronavirus, ha subido el salario mínimo, se han incrementado las pensiones, pero la ultraderecha no deja de escalar posiciones. Está claro que las causas de este fenómeno no son materiales, sino ideológicas.
La izquierda ha logrado provocar rechazo en amplias capas de la población al asumir los principios del pensamiento woke. La cultura de la cancelación y las extravagancias del lenguaje inclusivo han ofendido a los que reivindican su patrimonio lingüístico y cultural. Ciertamente, Shakespeare era antisemita y Cervantes vituperaba a los gitanos, pero no hay épocas sin prejuicios y los errores del pasado no se superan enterrándolos, sino conociéndolos y analizándolos. El lenguaje incluso deforma el idioma. ¿Qué hacemos con obras como El hombre tranquilo, El hombre ante la muerte o El hombre unidimensional? Alterar esos títulos solo lleva al ridículo y dudo que aporte nada esencial en la lucha contra la discriminación sexual.
Pocas cosas hay tan necesarias como el feminismo. En todo el mundo siguen muriendo mujeres a causa de la violencia del hombre. El machismo es una de las peores lacras de la humanidad, pero no me parece sensato combatirla con argumentos como los de Paul B. Preciado, según el cual las mujeres casadas con un hombre deberían dormir con una pistola bajo la almohada, pues todos los varones son asesinos potenciales. Los hombres también sufren el machismo. Aún se les sigue exigiendo ser altos, musculosos y protectores. El primer paso para acabar con el machismo es cambiar radicalmente la concepción del hombre. Demonizar a la condición masculina es contraproducente y alimenta la misoginia. El feminismo debe ser una visión política que abogue por el fin de los abusos y estereotipos machistas, no una absurda beligerancia contra el sexo masculino.
En España, aliarse con el independentismo no ha favorecido a la izquierda. Evidentemente, los cuatro idiomas y las cuatro culturas que integran el Estado merecen un amplio reconocimiento de sus derechos y una generosa autonomía, pero la independencia solo llevaría a una indeseable balcanización. El procésfue el detonante que provocó el ascenso de Vox. Si la independencia se convirtiera en una posibilidad a corto plazo, el país saltaría por los aires. El nacionalismo nunca ha sido una ideología progresista. Durante la guerra civil española, Azaña deploraba que vascos y catalanes no trabajaran por el bien de toda la nación, luchando conjuntamente contra el fascismo. Sectores del independentismo catalán llegaron a proponer una paz separada con Franco. La izquierda debe apostar por la cohesión nacional. El principio de ciudadanía no se deriva del idioma o la biología, sino de un proyecto que no contempla exclusiones ni divisiones.
Podemos ha promovido las medidas sociales del gobierno de Pedro Sánchez. Sería injusto y mezquino no reconocer su papel determinante en la construcción de una España menos desigual, pero algunos de sus políticos han agitado los viejos fantasmas del credo revolucionario, exaltando al Che, responsable de crímenes de guerra y de una feroz represión política, o a Hugo Chávez, un demagogo irresponsable. Se ha dado demasiada importancia a temas como la bandera y la forma del Estado. Desplazar símbolos e instituciones siempre es peligroso y desestabilizador. La monarquía, pese a sus múltiples errores, sigue actuando como un factor de cohesión territorial y la bandera roja y gualda gozó de un enorme fervor popular durante la guerra de la Independencia contra los franceses. Los grandes problemas de España no se resolverían por cambiar la bandera o abolir la monarquía. Al revés, la paz social sufría un fuerte descalabro. Conviene recordar que la represión en la retaguardia republicana, magistralmente relatada por Manuel Chaves Nogales, dejó un enorme resentimiento en las familias de los represaliados. Para ese sector de la sociedad, la bandera tricolor sería inaceptable.
La izquierda tal vez ha merecido sufrir un revés electoral, pero la derecha no merece ganar las próximas elecciones. Para frenar el avance de la ultraderecha, ya no son suficientes los éxitos económicos y sociales. Hace falta conquistar la hegemonía cultural con una visión política que no produzca crispación, sino diálogo y consenso. Si la izquierda no se rearma ideológicamente, recuperando la templanza y elaborando una perspectiva integradora, nos esperan tiempos recios.
Rafael Narbona
La muerte del Sol se producirá en unos 4500 millones de años. Para entonces, de seguir existiendo la Tierra, no quedará ni rastro de lo que hoy es un vergel de vida. De haber una civilización cercana, no podría saber lo que hubo aquí en el pasado. Y esto me lleva a reflexionar ⬇️
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