Un terrorista islámico copiloto del avión, apuñala al piloto indio quien lucha ensangrentado y desbloquea la cabina.
Pasajeros israelies entran y atan al terrorista, un médico atiende al piloto quien aún herido da instrucciones al pasajero israelí que conocía de aviones, para detener la caída y poder aterrizar salvando la vida de todos los pasajeros.
Aquí estan los #HÉROES
Yaniv Hayoun, Assaf Radjoan, Dr. Shota Musaev, Zvika Manes y el capitán Smit Machchhar.
Vos elegís de que lado estar...
#AmIsraelJai
@SherlockH123456@lacanariauy Es muy simple, como los tipos son “honorarios” inventaron el “asesor” que si puede cobrar para que sus “asesorados” se lleven parte de esos sueldos y así pasar a dejar de ser “honorarios” y quede todo “legal”. *Hecha la ley, hecha la trampa* 🤣🤣🤣
🇺🇾 | La doctora Pro Vida Lorena Quintana domó a la impresentable zurda, feminista y falsa periodista Sofía Romano que defendió el asesinato de bebés en el vientre materno.
ARMADA RECHAZÓ PINTAR LAS VELAS DEL CAPITÁN MIRANDA CON SÍMBOLOS DE LOS DESAPARECIDOS
La Armada rechazó una propuesta para intervenir las velas del Capitán Miranda con fotos, símbolos y frases sobre detenidos desaparecidos y sostuvo que el buque no debe representar “visiones sectoriales”.
La Armada considera que el Capitán Miranda es un símbolo con el que Uruguay se presenta ante el mundo y que su imagen pública debe responder a una representación institucional del país.
Contexto
La iniciativa, denominada Desaparecidos, bandera para los jóvenes, fue presentada por el artista plástico Daniel Fraga Alonso. Propone incorporar fotografías, símbolos y frases vinculadas a la memoria del pasado reciente.
Testimonios
La Armada sostuvo que el Capitán Miranda “no constituye un soporte artístico disponible para la expresión de particulares” ni un espacio para representar “visiones sectoriales sobre acontecimientos de nuestra historia”.
También afirmó que la identidad del buque “no pertenece a una administración, a una conducción circunstancial ni a un sector determinado: pertenece al Uruguay”.
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Ninguna empresa pública debería aportar a rentas generales. Deberían bajar el costo de sus servicios, hasta dar cero ganancia con cero pérdida por supuesto. Ese el concepto de una empresa pública en un pais serio que no es saqueado por los políticos.
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¿Cómo podemos estar tranquilos?
¿Cómo podemos mirar para otro lado cuando, por una decisión política, estamos a punto de destruir un ecosistema que llevó miles de años en formarse?
En Casupá se pretende destruir monte nativo, alterar un ecosistema y afectar el hábitat de innumerables especies de nuestra flora y nuestra fauna. Muchas de ellas ya enfrentan enormes dificultades para sobrevivir y algunas están a pasos de desaparecer para siempre.
Y una vez que ese monte desaparezca, no se recupera con un discurso, una promesa ni una compensación económica.
Estamos hablando de árboles, plantas, aves, mamíferos, insectos y toda una cadena de vida que depende de ese lugar. Pero también estamos hablando de agua, suelo, aire, biodiversidad y del equilibrio ambiental de nuestro propio país.
Podemos discutir obras, necesidades, inversiones y desarrollo. Claro que sí.
Pero hay algo que no deberíamos discutir: la obligación de proteger aquello que no nos pertenece.
La naturaleza no es propiedad de un gobierno, de un partido político ni de una generación.
Nosotros simplemente la recibimos prestada de quienes vienen después.
Si para avanzar necesitamos destruir aquello que nos mantiene vivos, entonces quizás deberíamos preguntarnos qué clase de progreso estamos construyendo.
Porque un país que es capaz de sacrificar su monte nativo, su fauna y sus ecosistemas por una decisión política, sin medir realmente las consecuencias, está hipotecando algo que no puede volver a comprar.
Casupá no es solamente Casupá.
Es parte de nuestro patrimonio natural.
Y si nosotros no somos capaces de defenderlo, de levantar la voz y de exigir que el desarrollo sea compatible con la protección de la naturaleza, entonces quizás tengamos que aceptar una verdad muy dolorosa:
no nos merecemos la belleza y la riqueza natural que todavía tenemos.
Defender la naturaleza no es estar contra el progreso.
Es defender la vida.
Y cuando se destruye un ecosistema, no estamos destruyendo solamente árboles.
Estamos destruyendo una parte de nosotros mismos.