La verdad puede tardar en salir a la luz, pero tarde o temprano todo se descubre. El tiempo pone cada cosa en su lugar y la vida termina enfrentándonos a las consecuencias de nuestras decisiones. No hace falta vengarse; basta con dejar que los hechos hablen por sí solos.
A cierta edad, el plan perfecto es hacer mercado, comer rico, tener la casa limpia, ponerse la pijama, ver películas y no saber nada de nadie. Cero problemas, pura paz.
Qué cruel es minimizar el dolor ajeno comparándolo con el de otros. Tu dolor y tus traumas son válidos, sin importar lo que haya vivido otra persona. El sufrimiento no es una competencia y nadie debe demostrar que ha sufrido más para merecer empatía.