Si tienen hambre, matan especies protegidas.
Si quieren sexo, violan.
Si quieren un techo, okupan.
Si quieren dinero, roban.
Si quieren luz, la pinchan.
Y si les pones algún límite, resulta que la víctima es el delincuente.
Tiene todos los defectos y ni una sola virtud: zafio, grosero, ignorante, soberbio, sectario y lleno de odio. Que alguien así sea ministro del Reino de España es prueba de una degradación muy profunda y de muy difícil solución.