G2 Esports vs T1 es una reinvención de la Batalla de los Titanes.
En los albores del competitivo, cuando la ausencia de conocimiento llevaba a la gente a mirar al cielo en busca de respuestas, una constelación de talentos hizo de Europa un oráculo mundial. Estrellas como xPeke, sOAZ, Alex Ich o Froggen dejaron una estela tan intensa como fugaz ante la llegada de los dioses asiáticos, que encerraron los sueños de los titanes del viejo continente en el más lúgubre e inmenso abismo.
A la Titanomaquia le ha seguido un reinado divino en el que tanto la LCK como la LPL se han repartido, como los olímpicos el cielo o los mares, los títulos internacionales. Un dominio con mano de hierro liderado por el Rey Demonio Inmortal, un comandante sin parangón que cuenta entre las filas de la mejor organización de la historia al mismísimo Zeus.
Tanto Febiven como Perkz mostraron durante los tiempos más oscuros que la misma sangre de los titanes corría por las venas de los dioses. Al rozar la corona mundial, Fnatic hizo añicos los grilletes mentales que impedían al resto del mundo equipararse con los dioses orientales. Y, al año siguiente, G2 Esports estuvo a punto de cimentar el camino de baldosas amarillas hacia la tierra prometida de la incertidumbre, de la fantasía de desconocer de antemano el resultado al que la realidad nos devolvió después de un feliz oasis llamado 2018-2019.
Caps, castigado como si fuera Atlas por abanderar las ofensas contra la divinidad, soporta desde hace una eternidad sobre sus hombros una peculiar bóveda celeste: la esperanza de Europa. Muchos rehuirían de tal carga, pero Caps no sólo abraza una responsabilidad que quebraría las vértebras de cualquiera sino que lo hace con un arma inigualable.
No es su magia incombustible, puesta en duda en ocasiones por el paladar malacostumbrado a la excelencia local que fantasea con cualquier sabor exótico; lo que hace único a Caps es el fulgor de una sonrisa inocente convertida en el faro de que marca el camino de toda una región. Porque en el momento en el que se extinga la luz del que lidera con el ejemplo ante la adversidad, consciente o no de que a lo mejor nunca existe un Midoriya que tome el testigo de All Might, tal vez se llegue a un callejón sin salida.
Han sido tiempos de vuelta en el Tártaro. De urdir planes de todo tipo para afrontar de nuevo la odisea, azuzados por el escozor de una herida que el tiempo puede aliviar pero sólo la ansiada gloria puede cerrar. De mascullar un sueño tachado de locura a la espera de la próxima alineación de astros que permita intentar escalar de nuevo el Monte Olimpo.
Un escalofrío, como el de Vistalegre, recorre la espina dorsal de Faker ante el ascenso del inesperado aspirante al trono, pertrechado de cara al desafío con las armas más afiladas que ha tenido desde el último intento.
Una pelea a vida o muerte que para T1 no es en el fondo más que una batalla en la guerra restante por el trofeo del #MSI2024, pero que para G2 Esports supone una nueva oportunidad de cambiar el destino del competitivo de League of Legends.