EL PROBLEMA NO ES SOLO DONALD TRUMP
Donald Trump roza la presidencia de EEUU. A sus votantes no les importa que sea racista, xenófobo, misógino, autoritario, machista y un delincuente convicto. De hecho, le han votado por ese motivo. La América blanca y protestante no soporta la diversidad que circula por “la tierra de los hombres libres y el hogar de los valientes”. Los inmigrantes latinos con papeles tampoco sienten simpatía por los sus compatriotas. El bote salvavidas está demasiado lleno y podría hundirse si recoge a más gente. Los hombres contemplan con resentimiento la creciente influencia de las mujeres y los amantes de las armas no soportan la idea de que se impongan restricciones, a pesar de los 6O0 tiroteos anuales. Un sector mayoritario de la sociedad estadounidense empieza a desconfiar de la democracia. Prefiere un gobierno autoritario que proteja su seguridad, aunque sea a costa de recortar libertades. Con la Cámara, el Senado y el Tribunal Supremo en manos de los republicanos, EEUU inicia un viaje hacia el pasado. Vuelven los tiempos del macartismo. Las medidas contra el cambio climático se congelarán y el nacionalismo más agresivo podrá ondear sus banderas sin mala conciencia. Las feministas, los inmigrantes, las personas LGTBI y las personas de ideas progresistas serán tratadas como el “enemigo interno”. En política internacional, se abrirá la veda para aplastar a los más débiles. Los palestinos serán definitivamente expulsados de Gaza y Cisjordania. Netanyahu podrá finalizar su campaña de limpieza étnica. La Rusia de Putin incrementará su poder y la ultraderecha continuará su ascenso en la UE y América Latina.
Este giro no es solo es obra de Trump y de los medios de comunicación controlados por las elites financieras. Este nuevo fascismo es fruto de un desencanto colectivo. La socialdemocracia ya no transmite credibilidad. Los Obama y los Clinton asimilaron enseguida los hábitos de las elites. Gracias a su paso por el poder, se hicieron millonarios y pudieron acceder a ese mundo de privilegios que antes criticaban. En España, la socialdemocracia ha arrojado un balance parecido. La especulación inmobiliaria ha proseguido su curva ascendente, convirtiendo la vivienda en un bien casi inaccesible. Los bancos han incrementado sus ganancias y los servicios públicos se ha deteriorado. No está de más recordar que Felipe González lideró la guerra sucia contra el terrorismo, toleró la corrupción y envió al paro a miles de trabajadores con la reconversión industrial. Sus sucesores no actuaron de forma tan despiadada, pero sus políticas sociales fueron tibias e insuficientes. O abiertamente regresivas, como la reforma de las pensiones aprobada por Zapatero, que endureció las condiciones para acceder a una jubilación decente.
En cuanto a la nueva izquierda, se ha desinflado enseguida. Por sus querellas cainitas, por la incongruencia entre las declaraciones públicas y las conductas privadas, por su retórica demagógica y sus extravagancias ideológicas. No aceptar que esa estrategia ha conducido al fracaso solo debilita la posibilidad de que reaparezca con propuestas más convincentes. La sociedad se está transformando en una masa amorfa. El auge de las pantallas y el declive de la cultura ha contribuido al éxito de los mensajes esquemáticos y simplistas. La democracia se está muriendo ante nuestros ojos. Y no es por culpa de Trump, Orban, Meloni, Milei, Netanyahu o Abascal, sino un desencanto generalizado que está avivando conductas irracionales, como el odio y el resentimiento. Estamos en el umbral de una verdadera crisis de civilización y no sabemos cómo acabará, pero con la victoria de Trump, todo sugiere que se nos viene una riada de fango dispuesta a no dejar títere con cabeza.
Rafael Narbona
TRUMP Y EL PROGRESISMO TÓXICO
Bernie Sanders, senador demócrata y líder de la izquierda moral de la izquierda estadounidense, ha comentado que “el Partido Demócrata ha dado la espalda a la clase trabajadora y la clase trabajadora le ha dado la espalda al Partido Demócrata”. Desde hace cuarenta años, la socialdemocracia se ha limitado a poner parches a un orden social injusto, intentando no molestar a las élites ni recortar sus privilegios. Es un fenómeno global que ha alentado el desencanto del votante de izquierdas. No es casual que Donald Trump haya ganado gracias al apoyo de los ciudadanos con rentas más bajas y sin estudios universitarios. Ese segmento de la población ya no espera nada de los líderes socialdemócratas. Obama exhibió un reloj modesto antes de las elecciones para transmitir que era un tipo corriente. Después de salir de la presidencia, se le vio con un Rolex y comenzó a cobrar 500.000 dólares por conferencia. Los Clinton actuaron del mismo modo. La revista Forbes calcula que su patrimonio asciende a 230 millones de dólares.
Si la clase trabajadora se siente traicionada por figuras como Clinton y Obama, ¿por qué ha votado a un millonario que viaja en un avión con los grifos chapados en oro? Por desencanto, sí, pero también porque su mensaje habla de raíces. Raíces culturales, religiosas, históricas. Desde el Mayo del 68, la izquierda mantiene un discurso nihilista. Dios no existe, el patriotismo es basura, el pasado solo sirve para cancelarlo y enterrarlo, la familia tradicional es una estructura opresiva que convendría desmontar. Los votantes latinos, que han respaldado a Trump con fervor, no soportan ese discurso. Creer en Dios, sentirse vinculados a su cultura y su historia, amar su país, conservar y cuidar los lazos familiares, les ayuda a sentirse mejor.
La socialdemocracia debe ser más radical en su lucha contra la pobreza y la desigualdad, pero su discurso cultural debería ser más moderado. Escupir sobre las creencias religiosas, el sentimiento de pertenencia a una comunidad histórica, menospreciar la familia o demonizar a los hombres solo propicia el ascenso del ese fascismo del siglo XXI que ha escogido como chivo expiatorio a los inmigrantes, un lugar que ocuparon los judíos en el pasado. La nueva izquierda surgida en las últimas décadas se ha convertido en un progresismo tóxico que cada vez suscita más rechazo. Ser radical en la lucha contra la injusticia no es incompatible con ser conservador en algunas cuestiones. El ser humano necesita certezas, arraigo, valores. Sin ese suelo fértil, se convierte en una criatura sumida en la angustia, el miedo y la perplejidad. Y esa sensación solo propicia la aparición de mesianismos salvadores, que prometen el cielo y suelen traer el infierno.
Rafael Narbona
Donald Trump has won the 2024 election.
Four years after launching an unprecedented attack on democracy and leaving the White House in disgrace, the convicted felon will return to Washington, DC, as the 47th president of the United States.
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¿Qué piensan las niñas sobre tener una mujer como presidenta? Sus respuestas reflejan inspiración y esperanza. Es vital que más mujeres estén en el poder para avanzar hacia la igualdad de género.
¡Mira sus mensajes en este video! #NiñasImparables 💜
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@CFEmx Hola, me dicen que por aquí puedo aclarara un cargo que no entiendo por qué me lo hace, viene marcado como DEPÓSITO en mi recibo y es por $623. Yo no solicité nada. Mi número de servicio 077180463740
Escribo desde la incomodidad. Me siento esperanzada y desencantada al mismo tiempo: ocurre que soy mujer y que soy mexicana; la intersección de esas dos variables ahora mismo es compleja.
Tendremos a la primera presidenta y, uf.
Escribí para @bbcmundo
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