Qué inmensa alegría.
Indemnizan con 2,5 millones a un hombre que pasó 18 años en la cárcel por una violación que no cometió.
(Recomiendo el libro de Braulio García Jaén sobre este caso: "Justicia poética")
https://t.co/RdgtR25A81
Maticemos algo sobre la lista de los "61 periodistas" de Teijelo. Ahí hay gente cloaquera y gente que tenía una fuente y luego contrastaba lo que le pasaban. Es decir, periodistas que se dejaban usar y lo daban todo por el PSOE (los casos son muy evidentes), y periodistas que recibían información de esa fuente venenosa, y de otras, y discernían.
Esto va a pasar muchas veces a medida que se desenvuelva la madeja de la cloaca. Pasaba lo mismo con Villarejo: había quien se dejaba usar por él, pero también había quien traicionaba su confianza para sacarle información.
El mercado de las filtraciones en el que se mueven los periodistas de investigación es el puro hampa: tratan con lo peor, se codean con auténticos hijos de perra. Pero eso no los hace automáticamente parte de lo peor.
Ketty Garat cuenta muy bien en su libro cómo un emisario venenoso del PSOE trata de emplearla para su propio beneficio, haciéndose pasar por fuente, y cómo ella va más allá. Seguro que Ketty podría aparecer en alguna libreta de alguien. Lo que hay que mirar es el trabajo del periodista, no en qué listados aparece. Esa es la diferencia esencial, y el ejercicio que evita en el demonio de las listas negras. Mirad el trabajo.
And again, and again, and again, the market proves to be more flexible and adaptable than the engineers, extrapolating, with their calculators expect. When prices change, behaviour changes. Believe in substitution, in elasticity, in human ingenuity, that is, in the market, and you will get a closer approximation than all doom-mongers. For this of course, a market must exist (e.g., does not apply to the fertility collapse).
Otro ministro que se lanza a señalar una terrible identidad, que quien va contra las tramas de la corrupción va contra el gobierno.
No, gobierno y tramas no son lo mismo. Y el partido tampoco. Por eso yo no me siento atacado. No me joda.
Este post de apoyo a @Jongonzlz está escrito y publicado conjuntamente con @lugaricano.
El sistema público de pensiones contributivas en España se encuentra en una situación muy complicada.
El sistema actual ofrece a los cotizantes una rentabilidad real implícita anual del 3,63 %. Dado el crecimiento de los cotizantes y de la productividad en España, esta tasa está al menos dos puntos porcentuales por encima de la que garantiza la sostenibilidad del sistema a largo plazo. De manera más sencilla: el valor presente descontado de las pensiones contributivas es aproximadamente un 60 % mayor que el valor presente descontado de las cotizaciones. Los jubilados contributivos en España están recibiendo mucho más de lo que pagaron.
Esta rentabilidad excesiva ha generado un problema fundamental: un déficit del sistema contributivo de unos 61.000 millones de euros (el de verdad, no el de las cuentas del Gran Capitán que incluyen las transferencias del Estado) y que no deja de crecer. Este déficit genera presiones sobre las cuentas públicas que limitan la capacidad de las administraciones públicas para implementar muchas políticas necesarias, desde la educación hasta la infraestructura. Y desde el punto de vista de la equidad intergeneracional, esta rentabilidad excesiva nos ha colocado en la paradójica situación de que las personas de 65 a 85 años tienen la renta disponible más alta de todos los grupos de edad en España.
El sistema necesita una reforma profunda. Por ejemplo, es clave reintroducir un factor de sostenibilidad en el valor de las pensiones que considere el crecimiento de los cotizantes, la productividad y la esperanza de vida. Muchas economías avanzadas han introducido estos factores e incluso España avanzó en esa dirección hasta la reforma Escrivá de 2021-2023.
Jon González, @Jongonzlz, de manera casi solitaria, ha acometido una labor impagable de documentar esta situación (y otros temas clave de nuestra economía), y ha conseguido poner a la sociedad frente al espejo de la insostenibilidad de la situación actual.
Desgraciadamente, el sistema político no tiene ninguna gana de enfrentarse a este problema. La edad mediana del votante español está en torno a los 51 años. Uno de cada tres electores tiene 60 años o más; uno de cada cuatro ha cumplido 65 años. Si se suman a los 15 millones de inactivos en edad de votar los casi 3 millones de empleados públicos, el resultado es que más de la mitad del censo electoral residente en España vive de una transferencia o de una nómina pagada con impuestos. La aritmética básica de cualquier elección en España descansa, por tanto, sobre un electorado en el que la minoría la constituyen los asalariados del sector privado en edad activa.
Pedir a un partido con vocación de gobierno que recorte la rentabilidad implícita de las pensiones contributivas es pedirle que confronte directamente a su votante mediano. Ningún sistema político hace eso voluntariamente y el español no es la excepción.
Por eso, en lugar de hablar de números, se busca descalificar al mensajero. Desafortunadamente, las narrativas maniqueas de buenos y malos—si eres bueno, prefieres pensiones altas; si no eres malo o estás a sueldo de los malos, tienen éxito en España porque nuestra conversación nacional se centra siempre en la “justicia” o la “moralidad” y nunca en los números.
Es normal: somos un país con poca tradición de análisis riguroso y, menos aún, de análisis basado en los números. “Mi abuela merece una pensión más alta” siempre es más fácil de explicar que “la rentabilidad real implícita del sistema está por encima de lo que nos podemos permitir”, y, además, le coloca a uno en el “lado bueno”: el de los que quieren dar más dinero, no menos, como los malvados economistas.
Pero lo realmente preocupante no es que se intente descalificar al mensajero en lugar de analizar sus argumentos. Lo que se busca es poner en riesgo su situación profesional. Ante las órdenes de la Moncloa, cualquier trabajo en España es precario. Nosotros mismos lo experimentamos en carne propia cuando, en 2012, se nos despidió de FEDEA, una fundación con la que colaborábamos, por orden directa y explícita de Moncloa.
Ya no es una cuestión de si uno está de acuerdo o no con Jon. Es algo mucho más importante. ¿Se puede analizar la realidad económica de España sin que las jaurías mediáticas busquen tu “cancelación” profesional?
Es este el momento de decir las cosas claras y mostrar nuestro apoyo absoluto y total a Jon. Por eso hemos tomado la decisión inusual de publicar este post simultáneamente.
Jon, te agradecemos profundamente lo que haces.
Dolores Vázquez solicitó una indemnización de 4 millones de euros por responsabilidad patrimonial de la Administración. Fue denegada en 2010 por el Ministerio de la Presidencia, entonces a cargo de María Teresa Fernández de la Vega en un Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero.
Miriam González, fundadora de @EsMejorOficial: "PP y PSOE son idénticos en cuanto a limpieza y regeneración". Vía @diariolaopinion https://t.co/NINS0toPgV
El domicilio particular es sagrado. Ir a molestar allí a cualquiera es un acto de mala fe. Justificarlo políticamente es típico de integristas. Se llame esta persona Javier Ruiz, Soraya Sáenz de Santamaría o Sara Santaolalla. Y sea el que molesta Vito Quiles o Verstrynge. Un asco
A couple of days ago, Megan McArdle (@asymmetricinfo) posted about how she uses LLMs in her journalism: research, transcription, fact-checking, sharpening questions, compressing ancillary tasks, etc. The reaction from some quarters included calls for her dismissal, accusations of fraud, and moral outrage galore.
This is a good reminder of why Karl Marx is useful:
“It is not the consciousness of men that determines their being, but, on the contrary, their social being that determines their consciousness.”
People’s moral positions on LLMs track their position in the relations of production with remarkable precision. A senior journalist who can use LLMs to become more productive is harder to replace. But a junior journalist or an adjunct professor whose work is now much easier to replace has every incentive to find moral arguments against LLMs or to exaggerate their flaws. Narratives follow economics, not the other way around.
The calls for McArdle’s removal aren’t about journalistic integrity; they’re about defending a labor market position that’s becoming hard to justify. And framing that defense as a moral stance is just shifting the argument into a territory where the author feels more comfortable: moral judgments. Oldest trick in the book.
Bourdieu would call it a field strategy: when you cannot win on competence, you redefine the game so that the relevant capital is moral authority rather than productivity. The people loudest about the ethics of LLMs are, not coincidentally, the people with the most to lose from them.
Truth is now considered a right-wing conspiracy.
That’s the chilling line from Melanie Phillips that stopped me in my tracks.
She explains how we’ve reached a point where simply stating observable reality — whether it’s basic biology defining a woman or pushing back against blanket accusations that all white people are inherently bad — gets you branded as evil. Not wrong. Evil. Therefore you must be silenced, cancelled, or erased. No debate. No evidence allowed.
She calls it cultural totalitarianism: a Manichean worldview where one ideology claims a monopoly on goodness, progress, and reason itself. Dissent isn’t argued with — it’s treated as a moral threat that has to be removed.
The deepest irony? In an era that smugly ditched religion in the name of superior rationality, we’ve ended up rejecting reason, evidence, and open inquiry altogether. We’re so “rational” we’ve dispensed with the very tools of rationality.
It doesn’t add up.
Her take has me wondering how we got here — and how quickly disagreement turned into moral excommunication.
Anyone else seeing this pattern play out in conversations lately? Where have you felt truth itself become off-limits?
BARCELÓ.―No había 300.000 bebés robados. ¿Cómo se armó una historia así?
ANTONIO ALONSO @INTCFjusticia.―El periodismo de investigación serio es importante, pero hay un periodismo que publica una conjetura sin base y eso se convierte en una desinformación que todo el mundo acepta
Quién sabe; quizá no esté lejos el día en que los políticos quieran parecer ante sus ciudadanos profesionales que trabajan para anticiparse a los problemas en vez de unos personajes simpáticos de sitcom de saldo. Sartori o Postman se quedaron cortos.