Reunión de padres.
Instituto público.
18:30.
Aula de tecnología.
Sillas incómodas.
Proyector que tarda más en encenderse que un adolescente un lunes.
Tema del día:
“Móviles y redes sociales en menores.”
La directora empieza:
—Estamos viendo más conflictos por grupos de WhatsApp, vídeos grabados en clase y cuentas falsas de Instagram.
Una madre levanta la mano.
—Yo lo tengo clarísimo. Hay que prohibir los móviles.
El padre de al lado asiente.
—Totalmente. Los niños están enganchados.
Todos muy firmes.
Muy responsables.
Muy “esto antes no pasaba”.
Hasta que suena un móvil.
El de la madre.
Lo coge.
Mira la pantalla.
Sonríe.
—Perdón, es mi hija.
La directora espera.
—Tiene 11 años.
—¿Y tiene móvil?
—Sí, pero solo para emergencias.
Emergencias.
Claro.
En la pantalla se ve el mensaje:
“Mamá, me das Robux?”
Emergencia humanitaria.
Nivel ONU.
La directora sigue:
—El problema no es solo el móvil. Es el uso sin control.
Otro padre interviene:
—Mi hijo no está enganchado. Solo ve vídeos para desconectar.
—¿Cuánto tiempo?
—No sé. Dos horitas.
—¿Al día?
—Bueno, entre semana. El finde más, porque se aburre.
Se aburre.
La gran tragedia moderna.
Antes un niño se aburría y acababa inventando una portería con dos mochilas.
Ahora se aburre y le entregamos un casino de dopamina con funda azul.
La tutora enseña varios casos.
Insultos en grupos.
Fotos sin permiso.
Burlas.
Audios.
Niños de 12 años hablando como adultos quemados por internet.
Una madre se indigna:
—Pero eso es culpa de las plataformas.
Sí.
De las plataformas.
Y de los algoritmos.
Y de China.
Y de Silicon Valley.
Y del capitalismo.
Todo menos de quien le compró un smartphone de 900€ a un niño que todavía pierde la chaqueta en educación física.
Entonces la directora dice:
—Proponemos que no traigan móvil al centro.
Silencio.
Del espeso.
Del que huele a contradicción.
La misma madre que pedía prohibición se echa hacia atrás.
—Bueno, tampoco nos pongamos extremos.
—¿Por qué?
—Porque yo necesito saber dónde está mi hija.
—Está en el instituto.
—Ya, pero necesito escribirle.
—¿Durante clase?
—Solo si es importante.
—¿Como los Robux?
Otro silencio.
Más bonito.
Más pedagógico.
El padre de las “dos horitas” se cruza de brazos.
—Prohibir no educa.
Ah.
La frase comodín.
“Prohibir no educa.”
Curioso.
Porque en casa tampoco educa nadie.
Solo cargan el móvil, pagan los datos y luego culpan al profesor cuando el niño no atiende.
La reunión termina.
Todos salen hablando de límites.
De salud mental.
De infancia robada.
De que “algo hay que hacer”.
En la puerta, la hija de la madre espera sentada en el suelo.
11 años.
Móvil en la mano.
TikTok abierto.
Auriculares.
Ni mira cuando su madre llega.
—Cariño, vámonos.
Nada.
—Cariño.
Nada.
La madre suspira.
—Es que está en una edad difícil.
No.
Está en una pantalla fácil.
Y ahí está el problema.
No son solo los móviles.
No son solo las redes.
No son solo los colegios.
El problema son adultos que quieren que el Estado prohíba lo que ellos no se atreven a limitar en casa.
Padres que piden mano dura en las reuniones…
y luego negocian con un niño de 11 años como si fuera un sindicato con abogado.
Resumen:
Quieres prohibir TikTok.
Perfecto.
Pero empieza por no usarlo como niñera.
Porque si tu hijo no puede cenar, esperar, aburrirse o mirar por la ventana sin una pantalla…
igual el algoritmo no entró en tu casa.
Igual lo invitaste tú.
La mayoría de las mujeres no entienden cómo procesa las emociones un hombre heterosexual. Y la mayoría de los hombres tampoco saben explicarlo, porque llevan décadas escuchando que es un problema de actitud cuando en realidad es una cuestión de hardware.
Cada vez que te vengan con mierdas de masculinidad tóxica o de vulnerabilidad, o alguna de esas etiquetas de mierda que suenan bien en un podcast de bienestar emocional, recuerda que es cuestión de neurología.
La amígdala masculina se activa de forma lateralizada hacia el hemisferio derecho, lo que produce respuestas emocionales más rápidas y menos verbales. El sistema de neuronas espejo muestra, de media, menor activación en hombres durante tareas de empatía afectiva… vamos , que no es que no empaticemos, es que lo hacemos de forma más cognitiva que emocional.
Y la testosterona modula todo el circuito, favoreciendo la acción sobre la verbalización y la respuesta al estrés sobre la introspección compartida.
Pablo, efectivamente, necesitaba un FIFA con los colegas, ir a tirar piedras a un lago desde un barranco, conducir una retroexcavadora o ir al campo de tiro… o directamente ir al gym y ponerse mamadísimo. Sin más.
Marcos Llorente, más allá de opiniones sobre sus ideas, tiene a sus compañeros trabajando más y cuidándose más. Eso ha dicho Simeone de él en rueda de prensa y eso no está pagado.
Mis hijas me preguntaron anoche: "Papá, ¿por qué somos del @Atleti y no del Madrid?"
Tienen ocho años.
Les dije: "Porque el Atleti no te promete que vas a ganar"
Mi padre me lo enseñó así. Sin discursos. Con silencio en el sofá cuando perdíamos y un abrazo cuando ganábamos que valía el doble precisamente porque no era lo normal.
Ser del Atleti es aprender que el valor no está en el resultado. Está en seguir creyendo, en ponerte la camiseta cuando hace frío y encima vas perdiendo dos a cero. En creer aunque no tengas motivos racionales para creer.
Eso no te lo da ningún equipo que gane siempre.
Ahora mis dos hijas llevan la rojiblanca con la misma naturalidad con la que me la puso mi padre a mí. No porque se lo haya impuesto, sino porque lo han visto vivir.
Han visto que a papá se le ilumina algo cuando marca el Atleti y han visto que papá sigue siendo papá cuando no marca.
Eso es lo que quiero que aprendan. Que el orgullo no depende de ganar, que la lealtad no tiene condiciones, que algunas cosas se quieren así, con todo, sin garantías.
yo a este lo banco porque nació millonario y juega como si fuese el extremo de un equipo de la C tratando de comprar la cena. además asume que técnicamente no es un iluminado y lo compensa corriendo como un condenado los 90, a diferencia de otros que encima de limitados ni corren
Cómo nos han lavado la cabeza en un par de generaciones.
Tener coche, de cierta forma, significa ser libre.
Libre de ir un martes a las 9 de la noche a ver a tu abuelo que vive en un pueblo a 50km. Libre de ir a pasar el día al campo. Libre de ir donde quiera cuando quiera.
Las piernas son potencia.
La espalda es fuerza.
El pecho es confianza.
Los abdominales son disciplina,
Los brazos son orgullo.
Tu físico no es un adorno,
es un reflejo de cómo vives.
Vamos a analizar la jornada de un opositor que intenta conseguir una plaza en la Administración Pública:
- Entras a la biblioteca a las 8 y media pasadas y ya hay gente estudiando que lucha tu misma plaza. Si tienes hijos que llevar al cole, olvídate de estar al mismo nivel de estudio.
- 12:00, sales a que te dé un poco el aire y tomarte el café que te traes de casa para no gastar dinero todos los días, te cagas en todo y vuelves a estudiar hasta la hora de comer.
- A las 14:00 sales pitando a casa o a por los chiquillos, tienes que hacer la comida (si no has sacado el tupper a descongelar que cocinas a granel los findes para poder estudiar/dormir media hora más al día).
- 16:00, vuelves a la biblioteca a estudiar, algunos han comido allí el tupper y te culpas porque igual podrías haberlo hecho, pero la comida es la única oportunidad de disfrutar de tu familia/casa un par de horas.
- 18:00h sales a tomarte otro café, no puedes con tu vida y planeas quedarte hasta las 20:00. Ya es de noche.
- 20:00, sales de la biblioteca reventado y sabiendo que esta será tu rutina hasta que lo consigas, si es que lo consigues, durante los próximos años.
Si encima opositas a Bomberos, Policía, etc… tienes que irte directo a entrenar cuando sales de la biblioteca. Te esperan las pistas de atletismo. Es de noche, hace un frío que pela, ves a la gente yendo a casa pero a ti te tocan 10x400m con un minuto de descanso entre series.
- 21:30, la sesión ha sido tan dura que has potado el café de por la tarde y la manzana. No puedes ni pisar el embrague del coche de la paliza que llevas en las piernas.
- 22:00, llegas a casa. Ducha, cena y cama, que a las 7 de la mañana hay que levantarse para repetirlo todo. Y así durante años.
No oséis cuestionar la buena vida de un funcionario, en todos sitios hay cosas malas, cuestionad si seríais capaces de pasar por esto durante años.
Antiguamente un Monte - Cueto debía ser un derbi muy caliente; hoy es esto que ven ustedes, un partido más de la Preferente cántabra, ante el desinterés total de los nuevos vecinos de estos viejos pueblos de Santander.
30 años, rubio, ojos azules, pelazo, moreno todo el año, fisicazo, millonario, con hijos, futbolista, casoplón, relojes impresionantes, bebe el mejor vino, come productos suculentos y además conspiranoico.
Es envidiable, la verdad.
Que verdad, muchas veces te das cuenta que haces todo como si te fuese la vida en ello en vez de relajarte y tomarte tu tiempo. Vivimos en un estrés continuo
Lujos que olvidamos que son lujos:
- Tus padres tienen salud.
- Ropa en el clóset.
- Agua limpia.
- Aire puro.
- Días de clima perfecto.
- Nevera llena.
- Facturas pagadas.
- Automóvil para moverse.
- Salud.
a mí nadie me va a sacar de la cabeza que empezar a hacer ejercicio y alimentarte bien, es una puerta que apenas la abres, el resto de aspectos de tu vida mejora, es un hábito y eso trae consigo salud, organización y disciplina
@asjustinX Tiende la mano al vecino, porque si, por elegancia.
Que no todo sea ganancia a lo largo del camino.
Cambia de sabor el vino, cuando no hay con quien brindar.
Que harás con atesorar y ser opulento en bienes, si entre tus bienes no tienes, el bien supremo de dar?
¿Por qué un MIR tipo test y sacando plaza con 7 meses de estudio y unas oposiciones a docente totalmente subjetivas y con miles que aprueban sin plaza y que se preparan durante dos años?
¡Equiparación ya!! Exámenes para docentes tipo test como el MIR, PIR, FIR...
Diooojjjjjj esa idea absurda y dañina que cargan ahora de que los niños no pueden perder, no pueden fracasar, no pueden estar tristes, no se pueden frustrar, no se pueden aburrir, y no se pueden enojar. Después son esos adultos que no saben cómo gestionar una emoción incómoda
Estudien filosofía. Al final, es lo único que realmente vale la pena, porque enseña a pensar cuando el ruido exige obedecer, a dudar cuando la consigna pide fe y a sostener principios incluso cuando hacerlo incomoda.
La filosofía no da certezas fáciles ni respuestas rápidas, pero sí algo más valioso. La filosofía da criterio, porque sin criterio no hay justicia, no hay política digna ni ciudadanía libre; sólo pasiones, odios y consignas vacías. En tiempos donde se aplaude la fuerza y se desprecia el pensamiento, estudiar filosofía no es un lujo. estudiar filosofía es un acto de resistencia.
Qué tiempos cuando salías a la calle el día 6 de enero por la mañana y estaba lleno de niños con bicicletas, patinetes, coches, muñecas... Hoy casi no he visto niños. Supongo que estaban en sus casas con sus nuevas consolas, tablets y móviles... 😔