conmigo no se metan porque cuando se me cruzan los cables, hasta el diablo se sienta y después se quejan de como respondo, pero bien que cuándo una no se hace nada, buscan mi reacción 😉
La vida me enseñó algo que vale oro: no necesito que todos me quieran, me entiendan ni me aplaudan; me basta con tener salud, a los míos cerca, la conciencia tranquila y la fuerza para seguir sonriendo sin devolverle al mundo la amargura que una vez quiso dejarme.