Prefiero mil veces andar entre tigres, donde al menos hay elegancia, filo y un peligro frontal que se respeta, que en medio de una recua de mulas, donde el riesgo constante es terminar aplastado por la terquedad colectiva, pateado por la espalda sin aviso o arrastrado al abismo solo porque la mula que las lidera decidió desviar su camino.