La ignorancia como arma
Acabo de comprar un libro cuyo título lo dice todo: Weaponization of Ignorance, del físico estadounidense Stephen M. Fry, que traduce algo así como la instrumentalización de la ignorancia, o quizás más preciso sería la ignorancia convertida en arma. Lo busqué porque intenta responder una inquietud que me persigue desde hace rato: ¿Por qué gente inteligente, leída, viajada, está cayendo rendida ante narrativas falsas, teorías de conspiración y mentiras del tamaño de una casa?
La respuesta del libro lo deja a uno atónito de entrada. La inteligencia no es un anticuerpo. La ignorancia política de hoy no es falta de información, sino un producto industrial, un producto que se selecciona, se cura y se refuerza, con ayuda de medios tradicionales, influenciadores y periodistas digitales que han construido ecosistemas narrativos capaces de hacer sucumbir el sentido común y hasta la fuerza de la ciencia. El votante no cree la mentira porque le falten datos. La cree porque le confirma su identidad, y contra la identidad los datos rebotan.
El gobierno de Trump marca la directriz y, sorprendentemente, va ganando la batalla. Su manto cubre ya casi toda América Latina. En Colombia, me temo, vamos hacia el desmantelamiento de la infraestructura del conocimiento público que está triunfando en Estados Unidos.
Aquí pensar distinto de la narrativa oficial de turno, sea de derecha o de izquierda, se volvió ir contranatura. Hay una guerra frontal contra el concepto mismo de verdad, y quienes se atreven a cuestionar se están quedando solos. Lo digo con conocimiento de causa. Amigos que hace unos años me aplaudían por mis posiciones contra Petro hoy me llaman enemigo de Colombia. Mismo columnista, mismas convicciones, distinta manada.
Avanzando en el libro, encuentro que esta desconfianza no nació por generación espontánea. Los dueños del conocimiento también fallaron — expertos que se equivocaron con arrogancia, instituciones que confundieron su autoridad con infalibilidad, una prensa que a veces militó cuando debía verificar. La ignorancia se volvió arma, dice Fry, porque alguien dejó el arsenal abierto. Reconocerlo no es darles la razón a los mercaderes de mentiras, sino entender por qué su mercancía encuentra tantos compradores. ¿Y entonces qué hacemos los que no queremos escoger entre manadas? Fry sostiene que la salida no es gritar la verdad más duro, porque en esta guerra el volumen no persuade. Es reconstruir la confianza desde abajo, conversación a conversación. Para Colombia eso significa que el centro tiene que aprender a pelear la batalla cultural con sus propias armas —narrativas, símbolos, emoción— sin renunciar a los hechos. Llegar con un informe técnico a una guerra de identidades es llevar cuchillo a un tiroteo.
No sé si estamos a tiempo de corregir esto. La verdad ya no se defiende sola, porque la mentira tiene ejército, presupuesto y algoritmo. Hoy los poderosos no están por darle libertad a sus ciudadanos ni permitir que les lleven la contraria.
Y no nos engañemos. La ignorancia, cuando se vuelve arma, no dispara contra el que no sabe. Dispara contra el que se atreve a saber.
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Sobre Eumeo, el porquero de Ítaca
«Comprender que los mayores vaivenes de la suerte caben en cualquier vida, que la adversidad puede irrumpir en un hogar seguro y que todos dependemos de la bondad ajena».
Publicado en @heraldoes
París no solo se visita… también se lee. 📚
Hay bibliotecas que parecen palacios y casi nadie conoce.
Este es un viaje por sus verdaderos paraísos 👇
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El romanticismo francés tiene en Víctor Hugo su mayor expresión. Afirma el valor del Yo, de las emociones y la libertad creativa.
Los invito a leer mi articulo https://t.co/DEf1G42OTq
○ Lo de Gustavo Petro cruza una línea: está torciendo una investigación técnica para acomodarla a su relato político.
Sin informe, sin peritaje, sin evidencia, decide que ya sabe la causa, desautoriza al comandante de la @FuerzaAereaCol Carlos Fernando Silva Rueda y convierte un accidente en tribuna. Eso no es liderazgo: es abuso de poder sobre un proceso que exige rigor, no intuiciones presidenciales.
La coartada de “la edad del avión” es una falsedad funcional. En aviación no existen “aviones que se caen por viejos”, existen fallas demostrables. Decir lo contrario desde la jefatura del Estado no es ignorancia: es distorsión consciente para fijar un culpable antes de que aparezcan los hechos.
Y el libreto se completa con la imputación a @IvanDuque culpable por decreto, sin pruebas, sin cierre técnico.
El daño es concreto: socava la cadena de mando, contamina la investigación y envía el mensaje de que la verdad oficial se dicta desde el atril. Un presidente no puede ser juez y parte en tiempo real. Aquí lo está siendo.
No está explicando un accidente. Está fabricando una versión. Y cuando @petrogustavo sustituye evidencia por narrativa, lo que cae no es solo un avión: es la confianza en las instituciones.
Por estos tiempos hay muchos líderes y pocos estadistas. Las democracias necesitan más de los segundos y podría prescindir de los primeros.
Los invito a leer mi artículo https://t.co/694HpPXFTn
La guerra urbana, como la presento en el libro "Ciudades y Estados. Tensiones histórico-políticas inevitables", se ha convertido en una práctica que marca el signo de los tiempos contemporáneos: Ucrania, Gaza, Sudán, Irán, Chechenia, Siria, Irak, y otros lugares más.
Las elecciones presidenciales en Colombia requiere un debate serio sobre lo que pasa en el mundo, no expresiones superficiales ideológicas. Estamos más involucrados en los conflictos globales de los que se dice en las calles.
En este sentido, mañana debemos salir a votar masivamente. Pero una vez electos, nuestro deber como ciudadanos es hacer control a sus actividades. Solo de esta manera fortalecemos entre todos nuestra democracia.
Todos deberían ir a las urnas. La idea que los ciudadanos voten es la primera condición de la libertad, y que solo tenga el poder de un voto es la materialización de la igualdad. Estás dos ideas, que inspiraron la modernidad política, expresan la más simple forma de ciudadanía.
Ahora bien, ni la democracia ni la ciudadanía, se reducen a la participación en las urnas. Necesitamos ciudadanos activos en época poselectoral. Ellos debe hacer control, vigilancia y juicios de legitimidad a sus representantes y buscar que cumplan una vez estén en el poder.