La película “Los Católicos”, rodada en 1973, presenta un escenario ficticio de la Iglesia Católica en un futuro posterior al Concilio Vaticano IV.
En esta película, el único lugar del mundo donde aún se celebra la Misa en latín se convierte en un destino de peregrinación para fieles de todo el mundo.
Debido al difícil acceso de este monasterio en las montañas, el Padre Abad continúa celebrando la liturgia tradicional, mientras miles de personas viajan hasta allí buscando la misa que ha sido totalmente prohibida en el resto del mundo.
Despues de un largo viaje, un enviado del Vaticano le comunica al Padre Abad que los católicos ya no están obligados a creer en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, sino únicamente en un significado simbólico. Y esa es precisamente, la razón por la que tantos peregrinan a ese lugar y esto no le gusta al Vaticano.
Aunque se trata de una obra de ficción y algunos de sus escenarios son deliberadamente exagerados, resulta extremadamente inquietante verla hoy.
Es inevitable recordar el artículo publicado recientemente en el periódico oficial del Vaticano, donde se propone interpretar al diablo más como “el mal personal presente en el mundo” que como un ser personal y real.
Es difícil no preguntarse, al ver ciertos debates actuales, hacia dónde se dirige la Iglesia y qué verdades de la fe algunos van a ser reinterpretadas en las próximas décadas.