Sí, la foto de ayer dio arrechera. Muchísima. Porque ver sentados alrededor de @MariaCorinaYA a personajes que ayudaron a destruir este país produce asco, rabia y desconfianza. Y el que diga lo contrario, o se está mintiendo a sí mismo o pretende insultar la inteligencia de los venezolanos.
Pero hay algo todavía más absurdo, creer que María Corina Machado está improvisando, actuando por ingenuidad o “dejándose manipular”. Eso sí es una ridiculez monumental.
Desde el 3 de enero, Venezuela dejó de ser un tablero manejado únicamente por Miraflores. Aquí hay una tutela directa de Estados Unidos sobre cada movimiento político, económico y estratégico que viene para el país. TODO lo que está ocurriendo y TODO lo que va a ocurrir pasa por ahí. El que no lo entienda todavía, sigue atrapado en análisis infantiles mientras otros están jugando ajedrez geopolítico.
Y no, tampoco me gusta ver reciclados del chavismo, cómplices disfrazados de demócratas y oportunistas queriendo reinsertarse después de haber convivido durante años con el monstruo que destruyó Venezuela. Dan asco. Porque mientras el país se hundía, muchos de ellos negociaban, coexistían o se beneficiaban del sistema.
Pero las transiciones reales no se hacen desde la fantasía adolescente de “los buenos contra los malos”. Las transiciones se hacen desde correlaciones de poder, presión internacional y acuerdos incómodos. Así funciona el mundo. Así caen las estructuras criminales enquistadas durante décadas. ¿O qué pensábamos? ¿Que Estados Unidos va a permitir una transición donde solo entren los “puros”, mientras medio país queda excluido y el chavismo radical conserva capacidad de sabotaje? No. Eso no existe.
Y sí, la palabra reconciliación provoca rechazo. Porque este país está lleno de heridas abiertas, presos, muertos, exiliados y familias destruidas. Pero una cosa es el dolor legítimo de la gente y otra la realidad política que se está diseñando.
La reunión de ayer no fue para entregarle el país a nadie. Fue para dejarle claro a muchos operadores, reciclados y saboteadores históricos que hoy el liderazgo lo tiene María Corina Machado. Y que esta vez no podrán destruir desde adentro lo que el país construyó.
Porque mientras otros negociaban derrotas, escondían actas, desaparecían o terminaban convertidos en caricaturas políticas, María Corina se quedó dando la pelea. Con las actas en la mano. En cada foro, en cada país, desenmascarando el fraude y dejando al régimen expuesto frente al mundo entero.
Ese liderazgo no lo construyó una agencia de marketing. Lo construyó enfrentando a una maquinaria criminal sola, perseguida, bloqueada y con medio sistema político intentando enterrarla durante años.
Así que respeto al que hoy decide bajarse del barco. Pero una foto incómoda no borra años de coherencia, firmeza y liderazgo real. Y entiendan de una vez, en esta etapa, en Venezuela no se mueve una ficha importante sin que Estados Unidos lo sepa, lo apruebe o lo impulse. Ni una.
Y para los que todavía creen que esto es teoría conspirativa o invento de redes, les dejo el video con las palabras exactas del secretario de Estado Marco Rubio @SecRubio hablando sobre la necesidad de que todos los sectores democráticos tengan participación en la reconstrucción política de Venezuela y sobre el proceso de reconciliación que ellos impulsan.
Sigo confiando en el liderazgo que nos llevó a tener a Nicolás y a su esposa, presos, a sus testaferros caídos, a Zapatero perseguido por la justicia internacional y todo lo que falta por ver. Sí, todo este huracán lo desató el fraude del 28 de julio de 2024, y la que lleva esa batuta es María Corina Machado les guste o no, les arda o no.
Saludos cordiales
Alexandra Gómez
A veces se nos olvida lo que significa sentir una alegría colectiva. Para un país como Venezuela, que en los últimos 26 años ha vivido momentos tan difíciles, no ha sido fácil encontrarnos todos en una misma emoción. Hemos estado demasiado tiempo divididos, preocupados, tratando de entender un país que muchas veces ha dolido.
Por eso momentos como este tienen un valor especial.
El deporte, la música o los logros de algunos venezolanos tienen esa capacidad de recordarnos algo muy simple: que, más allá de cualquier diferencia, seguimos siendo el mismo país. Que todavía existen cosas que nos unen.
Lo que está pasando ahora con el béisbol es uno de esos momentos. Ver a Venezuela llegar por primera vez a la final del Clásico Mundial no es solo un logro deportivo. Es también una pausa en medio de tantas noticias difíciles para recordar de qué estamos hechos los venezolanos. Un país que ama el béisbol, que ha llevado a cientos de peloteros a las Grandes Ligas y que creció escuchando historias de estadios, de ligas infantiles, de ídolos que salieron de barrios y pueblos.
Pero más allá de las estadísticas, lo que realmente emociona es ver a los venezolanos celebrar juntos otra vez.
Después de tantos años de tristeza colectiva, ver una alegría colectiva también es importante. Nos recuerda que todavía podemos compartir algo que nos haga sentir orgullo, algo que nos haga mirar al país con esperanza.
Ojalá esta alegría se repita muchas veces más. Ojalá se vuelva costumbre.
Porque de tristeza ya hemos tenido suficiente. Y Venezuela también merece momentos como este.