Estamos a 5 minutos de que el gobierno diga que la gallardía del equipo mexicano representa la epopeya de los aztecas que al final de la conquista perdieron con honor el imperio Azteca ante los españoles
Inicia la lluvia.
Desde Homero hasta shakespeare, lo épico siempre viene al amparo de la tormenta: el cielo partiéndose la noche que matan a César, Zeus agitando las nubes cuando se decide el destino de un héroe. Y antes que ellos, Tláloc gobernaba la lluvia como fuerza sagrada en el panteón mexica.
La naturaleza es el único escenario a la altura de lo trascendente, dada su cíclica permanencia.
Hoy, México juega con el relámpago como testigo.
Los dioses siempre truenan cuando algo importa: Zeus, Thor, el Sinaí, Tláloc. La épica nunca confió en un cielo despejado para sus momentos memorables. Necesita de una escenografía dramática a la altura del destino.
Esta tormenta no es casualidad narrativa ni metáfora pagana.
Esta tormenta es la única figura climática que México podía tener hoy: la del dios que ruge antes de que llegue nadie.
La del dios que permanecerá cuando callen los tambores de la batalla.