Me metí en la cama, abrí la botella, doblé la almohada y me la ajusté bajo la espalda, respiré con ganas y me quedé sentado en la oscuridad mirando por la ventana. Yo era un hombre que me alimentaba de soledad; sin ella era como cualquier otro hombre privado de agua y comida.
Soy el tipo de mujer que atraviesa sus días más difíciles en silencio. No me quejo mucho, no siempre pido ayuda y rara vez me desahogo. Cargo con mi propio peso y siempre voy por la vida con la mentalidad de “yo veré cómo lo resuelvo”