— Es una prisión. La detesto.
Últimas palabras fueron un susurro de confesión introvertida, dejando de sujetarse de él al observar la vía de escape.
— Estupendo. ¿Te has escapado antes? Y luego yo soy el que está en rehabilitación.
Trepó rápidamente la reja cual arácnido, ›
— Hai, hai... ¿Tanto te desagrada el colegio? —Andaba con cuidado ahora que el contrario lo usaba como soporte, llegando a demorarse más en dar con punto ciego del patio.— ¡Bien! Subimos la reja y corremos a la calle de la izquierda ¡Aquí nunca me atrapan!
Parpadeó varias veces hasta que consiguió guiñar con éxito, floreciendo una tímida sonrisa en rasgos.
— No quiero intentarlo con nadie más... Es decir. Si te molesto, puedo callarme. Lo siento.
— Pero es aburrida ¿No quieres ir a comer a otro lado en ese caso? —Pasos de castaños los llevaban al patio trasero del edificio, donde estaría el gimnasio, perfecto para ocultarse.— Ya que te quieres escapar sería bueno, que te acompañara y hoy quería comer ramen ¡Yo te invito!
Caminaría detrás de él, apoyándose en los hombros del mismo para no tropezar con sus propios pies al hacer un esfuerzo excesivo por alcanzar movimientos.
— Comeré el postre. La gelatina es buena.
— ¡Me gustan las croquetas! Pero... ¿Qué almorzarías tú? —Preguntó cuando ya se levantaba de su asiento para guiarlo por pasillos, joven Kamado era fácil de convencer aunque no recibiera nada a cambio.
@NotYoxrBae
— Ayúdame a huir de aquí y te daré mis croquetas del almuerzo.
Escupitajo a jarrón en la esquina de la habitación... O al menos lo intenta.
Jugueteó momentáneamente con un mechón canoso de la cabellera. Al detenerse, se dignó a acomodarse la ropa blanca de hospital y murmurar:
— ¿Para qué la espada? ¿Te gusta el cosplay rudo?
Lento separó los párpados, visualizando el perfil del castaño. Sin embargo campo visual era más amplio que uno común, podía ver el suelo con sus pies y en distintas direcciones con artes demoníacas(involuntarias como poderosas).
En un momento de pleno terror, contempló ›
— ¡Me estás abrazando! —Risa escapó del guía que sostuvo el cuerpo ajeno con la fuerza suficiente para que no se cayera, aunque no era tan necesario al ver que este estaba encaramado a él como un felino—. ¿Entonces somos amigos con derechos? —No entendía que era eso, pero >
el abandonar su plan inmediatamente y tratar de matarlo allí mismo. Pero tuvo la fuerza de voluntad para no emitir quejas verbales durante todo el viaje, lo único que llevó al límite fue el dejar de esconder sus garras que como agujas se enterraron un poco en la tez tostada ›