"Take Me Out" famously changes direction midway through, slowing its opening section into the stomping guitar riff that made Franz Ferdinand instantly recognisable. Alex Kapranos compared the structure to two people taking aim at each other, neither willing to make the first move. Taken from the band's self-titled debut album, this T in the Park performance from 2004 captures a breakthrough single becoming a festival anthem almost overnight.
La gente tiene mitificada una estación del año en la que, durante 8 horas al día al aire libre en el 80% del estado español no puedes hacer nada, simplemente porque de pequeños tenían tres meses de vacaciones.
Existen futbolistas maltratadores de mujeres, que filtran vídeos de menores, que violan y quedan impunes, que se abrazan y se coleguean con presidentes pedófilos pero que malos es Borja Iglesias por comprarse un puto McFlurry
Hablando de Dubái, al parecer, ha caído un misil iraní en el Palm Jumeirah, la isla artificial con forma de palmera gigante. Y esto es tan narrativamente coherente que parece escrito por un escritor de ciencia ficción de los 70.
Porque Dubái es esencialmente una distopía escrita hace 50 años. Como Super-Cannes o High Rise, de Ballard. Que yo las leí en los 90 y dije molan las novelas, pero es imposible que nadie construya nunca algo así. Y no solo la construyeron, sino que millones de personas se han ido allí de vacaciones o a trabajar haciendo como que están de vacaciones y a subir stories y TikToks.
Lo que me flipa es que haya tanta, tantísima gente, que no lo ve a la primera, porque Dubái nunca ha ocultado su condición distópica, de hecho la exhibe, la pone en el escaparate, la ilumina con LEDs, le añade una pista de esquí interior y te cobra entrada. Gente que, teóricamente, está capacitada para entender que una monarquía petrolera sin libertad de prensa, sin derechos laborales, sin derecho a la disidencia, con temperaturas de 48 grados que obligan a climatizar las paradas de autobús, representa un modelo civilizatorio tan obtuso —además de inmoral, pero no voy a entrar en eso ahora— que viene con la fecha de caducidad impresa en la frente. Pero el hotel tiene un acuario en el vestíbulo y el acuario es enorme y las suites tienen ventanas que dan directamente a ese acuario.
Dubái es una ciudad que te dice mira, aquí tenemos esclavitud laboral con vistas al mar y la gente respondía qué fuerte, ¿y el brunch del viernes a cuánto sale? Una isla artificial con forma de palmera —con forma de palmera, por favor, que no la han hecho con forma de dinosaurio porque todavía les daba un poco de vergüenza— construida por trabajadores nepalíes, indios, bangladesíes, pakistaníes, filipinos, etíopes, ugandeses y/o kenianos a los que les confiscaban el pasaporte, para que luego un influencer británico o estadounidense o alemán o español pudiera grabarse en bañador diciendo living my best life. El arco narrativo está ahí, a la vista, sin metáfora posible porque la realidad ya era la metáfora.
Y ahora un misil iraní ha atravesado la burbuja, la real y la metafórica. Igual el yogur ya estaba caducado y la distopía solo está cumpliendo su propio guion.
Otro intento de una delegación de Podemos de entrar en el Sáhara vía aérea que repite exactamente el patrón ya visto en el pasado con Isa Serra. Un vuelo con manifiesto declarado que, como era previsible y totalmente anticipable, termina en denegación inmediata de acceso por Marruecos y devolución forzosa sin bajar del avión. Esta aproximación no fortalece la observación independiente de derechos humanos; se reduce a un gesto simbólico estéril que no modifica en absoluto la realidad sobre el terreno.
Es un insulto para la causa saharaui el empleo innecesario de recursos públicos en una acción cuyo fracaso era evidente desde el principio. ¿Cuál es el coste real para el contribuyente español de estos viajes fallidos? Son iniciativas que no producen avances concretos en la protección de los saharauis ni generan presión internacional efectiva alguna.
Igualmente previsible es que el @MAECgob opte por el silencio o por una respuesta tibia, perpetuando una política de inacción que tolera la ocupación marroquí, ignora las resoluciones de la ONU y erosiona el compromiso histórico de España con el pueblo saharaui. En definitiva, una nueva obra teatral de Podemos con resultado previsible, improductivo y que, ante el silencio del Gobierno, termina legitimando la determinación mostrada por el régimen alauí.
Si de verdad se quiere entrar en el Sáhara Occidental y observar lo que allí ocurre, se entra. Hay vías discretas y efectivas de documentación que han funcionado en el pasado para observadores serios. Esto no es observación real; es un jodido teatro político que no vale para nada. Quien verdaderamente quiere hacer algo, lo hace de verdad, no con gestos vacíos que solo sirven para el ruido mediático.