Ese agujero en la tribuna. Y este otro. Y aquel de más allá. El dolor de las ausencias porque nos faltan Roberto y Lucía y Alberto y Silvia y Jacobo y tantos socios y tantos hinchas que son parte de nuestra historia, de nuestro Racing. Las heridas que ningún medio siglo cura porque hay cuerpos de los que todavía nada se sabe y hay nietos y nietas que aún no recuperaron su identidad y hay delitos de lesa humanidad que continuar juzgando y hay una memoria que seguir edificando para que Nunca Más sea realmente Nunca Más.
Un club no puede entenderse sin la vida de su gente y Racing, una asociación civil sin fines de lucro, es también la huella de quienes, con el corazón tatuado de celeste y blanco, fueron arrancados de sus casas, de sus trabajos, de sus universidades y de sus calles.
Por eso esos rostros nos miran.
Por eso esos ojos alientan.
Por eso, en este día y cada día, decimos presentes, presentes, presentes.
Dijo una vez Carl Sagan: “Nada me perturba más que la glorificación de la estupidez. Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología, pero en la que casi nadie entiende la ciencia y la tecnología. Esa mezcla de poder y desconocimiento es una receta segura para el desastre.”
Para Sagan, el peligro no era solo la ignorancia, sino celebrarla. Cuando el conocimiento se desprecia y la curiosidad se sustituye por consignas, advertía, la sociedad se vuelve más vulnerable a la manipulación. Por eso defendía algo simple y revolucionario a la vez: pensar, preguntar y no dejar nunca de maravillarse ante el universo.
Míralo sin sonido. El ritmo para hacer televisión, pasar a teatro en vivo, setear la escena antes de hacer un monólogo de Shakespeare y hacerlo coincidir con la agenda🇺🇸
Mirá el 2.30: Interacción con público y dimmer de luces. Narrativa